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martes, 27 de enero de 2026

Con los ojos muy abiertos, 36

 

Foto: Fernando Alda



XXXVI


Misterio es asomarse a los abismos
que ciegan la visión de la transparencia
del agua, su consistencia, saber por qué
refracta la luz
o conocer la razón por la que el poeta
puso sus ojos en ella como si fuese nuestra vida,
la que es como el río que va al mar, buscando
el océano, esa inmensa casa de los muertos, la morada
de la dama de azul,
sin tener constancia de que el agua
regresa con la lluvia, como nosotros
lo hacemos en cada libro
que se escribe, en cada deseo
enardecido que el viento
lleva y trae a su antojo,
y deja en una u otra
veleta, de las que le salen al paso;
vano intento, pues las mueve
y abandona a su voluntad.
El agua y el viento, para conjurar
la muerte, para salir a los caminos
y proclamar lo que queremos ser,
pero no nos dejan, pues el aire
se vuelve en nuestra contra,
y acaso no respiramos las veces 
que son necesarias cada minuto
o nos falta el espacio suficiente
para respirar.


Fernando Alda


martes, 20 de enero de 2026

Con los ojos muy abiertos, 35

 

Foto: Fernando Alda


XXXV


Ha regresado el desasosiego,
para quedarse a vivir en este inmueble
en derribo que son mis adentros,
el croquis de la ruina que está por llegar
y que va avisando:
cañerías y cristales rotos,
pulcra maleza que crece
entre las juntas de algunos ladrillos,
desconchados paramentos,
una tristeza que pone precio a mi cabeza,
esa soledad que se ha ido tejiendo
con la tela de las arañas mas atroces.
En la respiración ya se percibe
esa falta de entusiasmo que en ocasiones
nos hace ponernos de perfil,
pasar en silencio una página
más, suspirar por la hora 
que acaba de caerse de la esfera
amarillenta y cariada del reloj del corazón.
Cada uno que se pregunte lo que quiera,
pero ha de saber que la respuesta
es siempre la misma: una fiera
inclinación terminal
hacia la perplejidad y lo decrépito.


Fernando Alda


lunes, 19 de enero de 2026

Con los ojos muy abiertos, 34



.

Foto: Fernando Alda



XXXIV



Te pasas la vida frente al espejo,
esperando la mejor imagen de ti.
Así fui yo, obsesionado
con ver amanecer sobre mi cabeza,
un esplendor imposible.
El tiempo va ajando las formas,
mientras la vida se nos escapa
camino del camposanto.


Fernando Alda


Con los ojos muy abiertos, 33

Foto: Fernando Alda

 

XXXIII


Vuelve la luz a ser el alimento
que crece en los huertos de la mañana,
tan cerca, que consigo tocar
sus raíces. Aflora como una fuente
en medio de lo oscuro, clara
mezcla de aire y puede que azafrán,
cuando todo se llama
transparencia y es nombrado
para ser recuerdo. En este lugar,
en esta casa, habitada por el desencuentro,
vuelve a nacer, pues es primavera,
la flor que habrá de adornar,
solitaria y excelsa,
ese búcaro triste que sobre la mesa
aguarda a ser redimido.


Fernando Alda

Con los ojos muy abiertos, 32

Foto: Fernando Alda

 

XXXII



He cometido el error de querer
vivir al margen, incluso
fuera de los libros, tras los decorados,
lejos del foco del retablo,
bajo las cenizas
que todos los días se amontonan
en el mundo. Y no hay perdón
por ello, solo condena,
aunque lo supe tarde.
Pero no importa, soy feliz.


Fernando Alda


martes, 13 de enero de 2026

Con los ojos muy abiertos, 31

 

 
Foto: Fernando Alda





XXXI



Soledad quisiera fuese el descanso
de los sentidos, la ataraxia
que puede justificar el desdén
hacia la vanidad, lo que escribo
en el viento que ya ha pasado
y que dejó sus pavesas en las torres
y en el sueño.
Mira al que tienes al lado,
pronuncia su nombre,
es como tú, como yo,
arena, un serrín
denso que retiene la sangre
y la grasa cuando es impregnado.
No llegaré más alto, no vadearé
el Rubicón, el mar no será el final.
De este modo espero
lo que no habrá de ser nunca,
ni ternura ni espinas,
solo otra decepción:
saber que estoy bajo la luna
y no tengo un paraguas.


Fernando Alda

viernes, 2 de enero de 2026

Con los ojos muy abiertos, 30

 

Foto: Fernando Alda






XXX



Ahora es el momento en el que conozco
el incierto final con el que termina
esta aventura, su estandarte y su sombra,
el recuento de bajas durante la contienda,
ese acre sabor que queda
en la garganta cuando el fuego cesa.
Es el olor del napalm, la vida
que se consume y arde,
la soledad que queda,
la informe materia de los despojos
que comerán los buitres en silencio,
tras la batalla. Así mis ojos,
contemplando la ruina,
la devastación, lo que viene después
del armisticio pactado con el tiempo, 
muros vencidos, adentros
destripados, el aroma
terrible de la derrota.


Fernando Alda