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sábado, 31 de agosto de 2019

Cristo entrega las llaves del Cielo a San Pedro


Una puerta de cristal entre jambas

doradas abrirá esa llave, y allí los testigos
guardarán secreto, en aquella plaza
luminosa de una ciudad imaginada
por el Perugino, de solitarias
arquitecturas y cielos misteriosos,
que ahora contemplas, y quisieras
haber estado allí, confundido,
para admirar el encuentro y retenerlo
en el sueño, mas te conformas
con que en tus ojos una brasa
conserve el esplendor de la pintura.


Fernando Alda Sánchez



"Crimen y castigo"

"Crimen y castigo" es la obra cumbre de Fiodor Dostoievski (Moscú, 1821 - San Petersburgo, 1881), uno de los mejores escritores de la literatura universal. Sin duda se trata de una de las grandes novelas que todo lector que se precie debe haber leído a lo largo de su historia. El libro fue publicado por primera vez en el año 1866.

Es un título poderoso para recomenzar las reseñas de libros tras un periodo estival en el que el blog se ha venido alimentando con mis poemas que, por supuesto, espero que no solo os hayan gustado sino que os hayan conmovido.

Esta novela de Dostoievski, al igual que toda su obra literaria, pone al ser humano frente al sufrimiento, para medir la profundidad de su alma, aun que en este caso, a través del protagonista, Raskolnikof, el autor explora la psicología humana hasta límites insospechados, obsesivos, en medio de un ambiente de miseria en la San Petersburgo de los zares del siglo XIX.

Dostoievski escribe sin concesiones. Su estilo es directo, utilizando el lenguaje como un cuchillo, como un puñal. No hay plasticidad. No hay esteticismo. Solo está el espejo de la vida, en el que se miran los personajes como si se desnudase su alma. El novelista escribe para el espíritu, buscando la profundidad humana, colocando a sus personajes frente a la desgracia, frente al fatalismo de la vida.

No diré más. No desvelaré los entresijos del libro. El relato debe fluir y nosotros con él, adentrándonos en rincones oscuros que tal vez también tenemos nosotros en nuestra conciencia y a los que nos da miedo asomarnos. Genial Dostoievski. Una novela inolvidable.

Hay muchas ediciones de todo tipo de esta novela universal. Os dejo la portada de la que tiene RBA.

Fernando Alda Sánchez







miércoles, 28 de agosto de 2019

El ajusticiado

Si la noche levantó presagios,

si hubo aves agoreras, si le buscaba
la justicia y fue preso en un atardecer
de otoño, y hoy pende de esa encina
seca, nada dicen sus ojos,
ya cerrados, gozo ahora de los cuervos,
ni los leprosos, que visten
su ropa, ni su corcel
que lame sus pies ya negros.
Nadie tuerce la vista a su paso
o evitan ese camino que se tornó demasiado
fatigoso. ¿Encontrará alguien que doliente
descienda ese cuerpo y lo entregue
a la sepultura? Habrá de esperar
a los soles o a las lluvias
para volver al polvo, y hallar
el reposo que le fue negado.


Fernando Alda Sánchez

martes, 27 de agosto de 2019

Ronda de otoño

Únicamente pasea este hombre

en su misterio, solanas
otoñales junto a ermitas que el sol
dora en sus tejados, un cielo con soñar
de aves y temple anaranjado de amarillos
castaños.
Ya nada detendrá la liturgia del ácaro
en las arrugas, y aún así
continúa caminando aferrado a la niebla.
Pisa la hierba, la sombra
fugaz de árboles milenarios,
y con el duro
bastón de avellano dibuja círculos
secos, fechas imprecisas, borrosos
nombres curvados como guadaña.
Y anochecido el claror
de la tarde regresa a poblado:
el humo invita al cobijo,
a entregarse al gozo de suaves
vinos en la ebriedad de la locura.

Fernando Alda Sánchez

lunes, 26 de agosto de 2019

Hoy así sueñas

Dejarte la mirada entre espinas

de belleza, mientras fenece el canto 
del laúd en tus dedos
enfermos, o libación de veneno
embriaga en las médulas: hundirte
sosegado en muerte dulce al tiempo
que arde la luz en el estío.
Vendrá helado el silencio
en el deseo del fin esperado,
cuando flaqueza inflija
dolor, en la tarde hallarán
memoria de tu cuerpo dormido,
quizá inclinado y sereno junto a flores
olorosas, en fresco venero,
y comprenderán por qué cruzaste
la barrera de sombra: hoy así sueñas,
comido de tercianas, en este oscuro
hospital habitado de gemidos y abandono.


Fernando Alda Sánchez


domingo, 25 de agosto de 2019

Carpe Diem




               1


Inflige el tiempo pasión

a las arrugas, y acre
ceniza o veneno espesan tu boca
al saberte uncido a la muerte.
No sonará este día el bronce
en duelo, mas sí tus sienes
conocerán la flor del almendro,
la floja luz del ácido día.



              2


Que colme el vino tus encías,

embriágate de oleosos
perfumes, será tu inmersión
en la marea de los sentidos:
bajo tus pies roen el luto y el azufre
un lecho amollecido de tierra:
húndete, devora, que si tu alma 
no pudo, al fin, ¡goza!


Fernando Alda Sánchez




viernes, 23 de agosto de 2019

Elegía anónima

Sotos de luz última que visten

su paso de doncella y ocultan el livor
lloroso de su rostro: allí
un río de aguas desfallecidas
en el que refleja la amargura
infinita posada en sus labios.
Hilvana la muerte entre las ramas
desnudas de los fresnos,
ve aparecidos recostados sobre corolas
de flores o en el rocío, a veces
canta, lúcida, melancólicas
elegías con voz de sirena:
turbias heces apuró en copa
abrasada de pasiones, esclava
no, antes soledad que prisiones
o jaulas relucientes de triunfo:
conoció el sanguíneo
puñal de la traición,
desprecio de amigos,
como reptil lacerante de veneno.
Hoy busca en la nada
el abrazo final de la tierra.


Fernando Alda Sánchez



martes, 20 de agosto de 2019

El preso

"Mas de esta simple gavia no hay salida:
lasciate ogni speranza. La lejana
sierra de azul no es tuya. Furia vana
golpear los barrotes. Tal la vida".

Jacinto Herrero Esteban



Velará en silencio la amplitud

de la noche, y espera al sol
que abra los cielos, y el primer canto
de pájaros que anuncia la vida:
así son varios los años que aguarda
la liberación.
Aferrado a la reja mira las estrellas,
y piensa en caminos y veneros
hondos, en arboledas de mansa
sombra, en lo que dejara en el llar.
Mas no retornará nunca, y en el amanecer
perseguirá el polvo de otras caravanas.
Una brizna de alguna flor sobre la tosca
tumba de su esposa y sus hijos,
malogrados en el saqueo,
señalará siempre la herida de su corazón
afligido que no olvida.


Fernando Alda Sánchez






Inscripción en un vaso antiguo

Vaso con jaguar para el brindis


Puso en el barro su marca hostil
pero armoniosa
y yo con cieno y sangre
repito sobre el ánfora
la zarpa!
tal un racimo de cólera
apretado sobre la tierra
para el vino del ebrio azar
que tu muerte celebra!

Pablo Antonio Cuadra


Libará tu labio ardiente

vino, fruto de abrasada vid,
y será rescoldo en tu boca
que acompañe este lento fluir
de aves muertas. Hacia poniente
verás la vida extinguirse,
recuerda. Brinda por el sol
que ebrio regresará a disipar las sombras.

Fernando Alda Sánchez

lunes, 19 de agosto de 2019

Otoño

                   1



Es lluvia lo que en tus ojos llora

y a la luz ofrece, y habita el sonido
un laúd de hojas al caer; mira el otoño,
el sol asesinado entre los chopos,
un cáliz de frutas que lánguido
beberás en la memoria.



                    2



Invoca la vida, el deseo, que de ti

los álamos evoquen una incisión en su corteza,
y en los hogares crepite
incienso en azules luminarias.


Fernando Alda Sánchez





domingo, 18 de agosto de 2019

De caminantes

Arranca a la noche su velar

profundo de estrellas, ya que has de partir
solitario: enciende antorcha
embreada en el santuario del regreso,
te esperan.


Fernando Alda Sánchez



jueves, 15 de agosto de 2019

Sant' Angelo

Sepulto en este castillo oigo el Tíber

serenísimo lamer estos cimientos de tristeza,
y es su corriente dolor, y los pasos
de los guardias ánimas en pena que en la noche
buscan redención: preso
por intriga palatina, o un mal veneno
equivocado, pues no halló la muerte
quien debiera hallarla. Es silencio
lo que de mi espera, y Roma
afuera aguarda la ejecución impaciente:
triste suerte la del títere entre poderosos.


Fernando Alda Sánchez




"Alicia en el país de las maravillas"

"Alicia empezaba a estar harta de seguir tanto rato sentada en la orilla, junto a su hermana, sin hacer nada: una o dos veces se había asomado al libro que su hermana estaba leyendo, pero no tenía ilustraciones ni diálogos, "¿y de qué sirve un libro -pensó Alicia-, si no tiene ilustraciones ni diálogos?"

    Así estaba considerando (como mejor podía, pues el intenso calor la hacía sentirse muy torpe y adormilada) si la delicia de tejer una guirnalda de margaritas le compensaría de la molestia de incorporarse y recoger las flores, cuando de pronto un conejo blanco de ojos rosados paso velozmente a su lado".

  Así comienza "Alicia en el país de las maravillas", que escribiera el matemático, fotógrafo y escritor, además de otros oficios conocidos, Charles Lutwige Dodgson, conocido como Lewis Carroll (Daresbury, 1832 - Guildford, 1898) Así comienza "Alicia" y así se inicia el descenso por la madriguera en uno de los viajes más alucinantes, oníricos, originales e imaginativos que ha dado la literatura.

"Alicia"  es un viaje a nuestros propios sueños, infantiles y adultos, es un recorrido por los rincones más hermosos o más desagradables de nuestra mente, es un viaje por el tiempo, es, también, no sólo un viaje, sino un viajar, es decir, la manera en la que tenemos de realizar el viaje.

Este relato de Carroll es muchas cosas pero es, sobre todo, un monumento a la imaginación, a la "loca de la casa", la que nos mueve todos los días, la que en estados de semiabandono, en ocasiones por el aburrimiento, nos hace perseguir conejos blancos que nos transportan a mundos que pueden o no existir, dependiendo de cuánta inocencia tenga nuestra mirada.

Invito a leer o releer este libro. En cada lectura descubriremos "Alicias" diferentes, dependiendo, quizá, de nuestro estado de ánimo, de nuestra propia ensoñación.

Hay muchas ediciones de este libro de todo tipo y con variedad de precios. Os dejo, como siempre, una portada. Esta vez es la correspondiente a la edición de Sexto Piso, encuadernada en tela, con ilustraciones (pues no se entendería este libro sin ilustraciones, como bien dice la propia Alicia) de Peter Kupa.



Fernando Alda Sánchez

miércoles, 14 de agosto de 2019

Nacimiento

Contempla ese destello hacia el Oriente,

Dios hecho hombre
llorando entre la paja, un incendio
de silenciosas ascuas prendido en el interior
sombrío de los corazones: la noche
nunca será igual, arde la esperanza.


Fernando Alda Sanchez


"Vida y fugas de Fanto Fantini"

Los libros y los lectores se buscan, nos buscamos, aunque hay ocasiones en las que el laberinto de la biblioteca nos pierde, a unos y otros, y parece difícil, cuando no imposible, encontrarnos, o volver a encontrarnos, aunque finalmente el viaje suele terminar con un feliz suceso. Don Quijote diría que es cosa de encantamiento, y a mí me parece que así es. Eso me estaba ocurriendo hasta ahora con el libro que hoy traigo a colación a este blog, tras unos días en los que no han aparecido reseñas, pues nos llevábamos buscando quizá desde el inicio de esta aventura digital, desde sus primeros días. Hoy nos hemos reencontrado.

"Vida y fugas de Fanto Fantini de la Gherardesca", quizá una de las mejores novelas, si es que así se puede calificar este relato, de Álvaro Cunqueiro (Mondoñedo, 1911 - Vigo, 1981, España). Cunqueiro es uno de esos escritores inclasificables que llenan de sorpresas la historia de la literatura y hacen de la misma un lugar de abrigo, un remanso de imaginación, un lugar delicioso para la lectura. 

Fanto Fantini es un personaje imaginario que nos traslada a los orígenes del Renacimiento, en Italia, cuando la Edad Media aún se resiste a morir del todo. Es un condottiero, un capitán, (y me recuerda siempre la magnífica escultura del condottiero Bartolomeo Colleoni, en Venecia, de Verrochio), experto en fugas, con una vida misteriosa y apasionada que se va dibujando con las pinceladas que el escritor traza y con los fieles personajes que le acompañan, como su criado Nito, Remo, su perro, y su caballo, Lionfante.

La novela es un derroche de imaginación, de lenguaje plástico, de destreza narrativa, en la que confluyen todos los elementos del mundo de Álvaro Cunqueiro, del mundo mágico y alucinado que los escritores gallegos llevan en el alma.

Fanto es más bien un antihéroe, o un héroe trágico, más que un héroe, al que enseguida ponemos en nuestra propia imaginación y al que acompañamos en sus desventuras, pues quizá tenemos todos algo de él en nuestra propia vida.

Recomiendo, como hago siempre, su relectura, o su lectura, en la conciencia de que estamos ante un libro que no nos va a dejar indiferentes por su riqueza literaria, por las puertas que abre en la realidad para transportarnos en un viaje a otro momento histórico, o simplemente por tener noticias de este condottiero italiano que solo la frescura narrativa de Cunqueiro ha podido crear para nuestro deleite.

Traigo la reproducción de la portada de la edición de Destino, en Destinolibro.



Fernando Alda Sánchez

martes, 13 de agosto de 2019

Ahora que los días...

Ahora que los días vienen teñidos

del fulgor en ascuas del airado
otoño, y en la ventana la muerte
enciende pábilos y me llama y se oculta el sol
llorando, y del cielo la lluvia
son dardos que arroja en la cólera
de sus círculos, cuando en la noche
se alcanza esa hora en que la verdad
prende en los ojos, y uno se detiene
y sabe que está vivo, lúcidamente
aferrado a los huesos del dolor, te escribo,
mujer, esta carta, ahora que te imagino
en la duermevela, tus ojos
ébano en brasas que miran asombrados
el mundo, y la memoria
alumbra aquellas tardes entre cipreses,
o en los glaucos canales
contemplando las sombras de nubes
desvanecerse, tu cuerpo ardiendo en el estío
con las aves, cuando en el alma
se hilvanaban pesares con el cálido
vino y en el corazón no teníamos
otro secreto que el sueño,
y moría la luz y nos amábamos
entre los almiares, el heno penetrante
en señal del campo en orden,
y ésta que leerás, con otros ojos,
a la llama lucubrante de un candil allá en tu retiro,
entre breñas y pinares, en la soledad
del que harto de jaulas quiere vivir libre,
no es otra que la de un hombre
cansado en el acoso, sereno
de haber visto la vida
rondar abismos y al tiempo
incendiar la edad y luego vencer,
y quisiera volver a verte entre estas calles
sombrías de esta ciudad sin nombre,
que mis labios regresen a tus senos
blancos que me tiemblan entre las manos,
saberte en mí, ahora que has muerto
y te vuelvo a enviar esta carta, póstuma para ti ahora,
que será la última, cuando la tierra
el manto funeral que te cubra.

Fernando Alda Sánchez



lunes, 12 de agosto de 2019

Ese Cristo muerto...

Ese Cristo muerto que no

quieres mirar, tan solo en el madero,
tan abandonado, ya sin sangre,
y que nadie desprende y únicamente
el viento abraza,
ese Cristo que en la noche es el incesante
silencio, la brasa del vacío,
o el abismo de la duda y el helor
del olvido, clama tu nombre,
y sigues huyendo, pues no quieres
ver sus ojos mordidos de lágrimas
o la ceniza flotar en sus iris
con el destello de las tinieblas.
Ese Cristo tal vez seas tú...
No hay luceros, ni una hoguera
arde como señal: ¿Te atreverás
a cruzar el páramo sin volver
la mirada o llorar en soledad?


Fernando Alda Sánchez



domingo, 11 de agosto de 2019

El esplendor de la caída

Hay días en que te parece que ya conoces

todo en este mundo, que el corazón
de las flores o el de las estrellas
no incendian
la llama del deseo en tus ojos,
que eres un tizón que la lluvia
ha extinguido, y que la tarde
se muere en silencio
o que quizá una mujer espera
beber el cáliz de tu tristeza
y posar sus labios en tu soledad.
Y sin embargo, solo deseas que la muerte
anide en tu sueño, o que te seque de raíz
la memoria. Un arcángel de fuego
sería la última visión,
el esplendor de la caída.

Fernando Alda Sánchez



sábado, 10 de agosto de 2019

Ars moriendi

Ese último carro que duerme

entre junqueras, falso verdor del estío,
y mira el camino pasar
y los milanos acalmar el aire,
sueña con la carga
encendida del cereal y el tirar de los bueyes
bajo el azul de los cielos.
Así envejece con su dueño que lo usara:
al sol, le habla de soledad
mientras acaricia sus ruedas
y muere la tarde en pavesas,
o tal vez recuerdan fatigas y jornadas
con mirar de tristeza y el habla cansado.
Que los entierren juntos, son de la misma
madera, eso pide,
y espera que venga la muerte
con los primeros hielos del invierno.


Fernando Alda Sánchez



viernes, 9 de agosto de 2019

La Armedilla

Es la piedra ahora recuerdo

en el cierzo, secos muros
entre umbros árboles: contemplan
monjes jerónimos aún la luz que cae
entre la ruina, la tierra
muerta en el valle, el agua
que espesa la sombra
o es pájaro posado en el silencio.



Fernando Alda Sánchez



jueves, 8 de agosto de 2019

Los héroes

Cubrirá la hierba vuestras tumbas

y será el olvido osario de las flores,
sólo lluvia y raíces
os poblarán los ojos, glaucas
aves en el viento que presentirán
el mar: os llaman,
ya que caídos, es esta la última
trinchera. Ahora bajo las cruces
blancas el pensamiento, el atroz
reposo: un recuerdo de llagas,
de brazos armados y quijadas
erguidas. Ahora sí,
abandonados, alguien os llora
en el deseo, en la esperanza:
acaso reciban vuestros labios el beso
amado o liben el ácido
yugo del infligido laurel.


Fernando Alda Sánchez



miércoles, 7 de agosto de 2019

En algún lugar de Castilla

Consume el fuego las últimas

tardes de marzo, desde la ventana
el campo llama a la primavera
y en la luz quedan restos de lluvia.
Algún verso te arde en los labios
o alumbra el recuerdo de la memoria:
te acompaña el silencio,
la soledad de estas tierras en algún lugar
de Castilla. Crecerá la noche
con viento afuera, y un largo
morir de llamas espesará el tiempo
que en la pared el reloj desgrana.
Escribe el corazón breves
hilos de vida,
o veneros de sombra que fluyen
amargos entre el dolor.
Y cuando al sueño entregado,
el alba en las tapias pinta siluetas
de pájaros que te nombran: en el barro
huellas junto a los álamos del último
paseo: meditar lo hondo del alma.



Fernando Alda Sánchez


domingo, 4 de agosto de 2019

El rostro del hombre

Bajo los chopos se enciende la vida,

y recuerdas el sueño de tu muerte
mientras velabas ese otro cadáver
al que no te atreviste a mirar a los ojos,
y quizá hallar, en su espesura
silenciosa, la orfandad del hombre.
Está la vida besándote con labios
de luz desde la tarde, y en su cintura
ardiente hay prendidos
ramos de glicinas o begonias,
que te obstinas en convertir en polvo de huesos,
y en la sombra el deseo
invade tus entrañas, mas es ceniza
lo que buscas y la memoria del dolor.



Fernando Alda Sánchez


Poniente

Solo un hombre cansado que mira

silencioso ponerse el sol,
el fracaso del camino en los alcores,
y que acaricia el acónito
en el sueño o deja
abrasado el corazón en cada despedida.
No es la distancia el verdugo
de la mirada que aún tiembla
con el trazo de la memoria,
ni la maldad de las zarzas
crece en la nostalgia que supo
del beso; acaso el pecho
devastado todavía se aflija
cuando el nombre de la muerte
se escriba en el alba o cuando la sombra
de los tilos abandone la ciudad.


Fernando Alda Sánchez




"Vino y pan"

"Vino y pan" es una de las novelas más conocidas de Ignazio Silone (Pescina, Italia, 1900 - Ginebra, Suiza, 1978), tras su universalmente conocida "Fontamara". En la primera reside buena parte del paisaje espiritual de un escritor inclasificable, como todos los buenos escritores.

Ignacio Silone, pseudónimo de Secondino Tranquilli, fue "un cristiano sin iglesia, un socialista sin partido", como le definió José Jiménez Lozano, alguien que "rompió primero -creyendo superarla- con su ideología y sentimentalidad cristiana, franciscana y milenarista", como dice de él Dionisio Ridruejo, en su prólogo al libro de Silone "Salida de emergencia" (Seminarios y Ediciones SA, en Revista de Occidente, Madrid, 1969), para volver a romper "luego no solo con la disciplina, -prosigue Ridruejo- sino también con la ideología del marxismo leninista para encontrarse al fin con una ideología personal, más o menos sincrética, que, tras redescubrir los valores liberales, vuelve a reivindicar el arranque cristiano de sus aspiraciones a una solidaridad redentora y es capaz de seguir usando, con una clara distinción entre medios y fines, los elementos más valiosos del arsenal teórico socialista". El fue uno de los fundadores del Partido Comunista de Italia, pero su oposición a Stalin en la Internacional Comunista le hizo abandonarlo.

Este es en buena parte el viaje espiritual e ideológico de Silone. Para entenderlo  es necesario  asomarse a "Salida de emergencia", pues él lo cuenta en primera personal.  En "Vino y pan" encontramos todas sus obsesiones. Silone es, como Miguel de Unamuno, salvando las necesarias diferencias, un hombre de paradojas. Y ellas pueblan su narrativa.

En "Vino y pan" (tengo la edición que en Libro de Bolsillo publicó Alianza Editorial, Madrid, 1968, y que encontré casi por casualidad medio olvidada en una librería) están las contradicciones históricas de la Italia de los años 30, con el fascismo, la invasión de Etiopía, y los problemas ideológicos que el propio Ignazio Silone alimentaba en su alma, además de los cuestiones sociales y vitales del campesinado italiano. Como fondo, la región de los Abruzzos, en la que nació. La novela es un momento en la vida del protagonista, Pietro Spina, que reúne todos los fantasmas que habitan en Silone. Del personaje se dice en la novela: "A ese hombre Dios le ha tocado en el corazón desde niño, y es el mismo Dios quien le ha lanzado a las tinieblas, en busca suya. Estoy seguro de que aún ahora obedece a la voz de Dios". Es el propio Silone hablando de él mismo. Personalmente nunca he olvidado esto.

Os dejo la portada del libro en la edición de Alianza Editorial.



Esta es, sin duda, una buena novela de un escritor que nos enfrenta a nuestras propias rendiciones, a nuestras propias agonías, a los fondos del alma a los que no queremos asomarnos.


Fernando Alda Sánchez



sábado, 3 de agosto de 2019

Mujer enamorada

Siempre abandonada su alma

en veredas de tristeza, caída
entre espinas o flor de enhebro;
la vida el inicio de una llaga, y la muerte
en los ojos vestía su negro fulgor.
¿Quién hizo renacer en ti el amor
bajo los tilos? ¿Quién el lucero
ardiente que tus senos alumbró?
Y ahora en la mirada los cisnes
han prendido su plumaje, y en los labios
la sombra del cerezo,
y en el vientre el albo aroma del limonero
dejaron memoria: ¿Cruza el cielo
alegría o es el canto de tu voz?


Fernando Alda Sánchez

"San Manuel Bueno, mártir"

"San Manuel Bueno, mártir", y tres historias más, pues así se completa el título con el que se publicaron estas cuatro novelas breves de Miguel de Unamuno (Bilbao, 1864 - Salamanca, 1936). "San Manuel bueno" apareció publicada en el año 1931 en una revista. En 1933 la Editorial Espasa-Calpe reunió en un volumen esta novela junto con otras tres: "La novela de don Sandalio, jugador de ajedrez", "Un pobre hombre rico o el sentimiento cómico de la vida" y, por último, "Una historia de amor". Se trata de un libro en conjunto delicioso, aunque bien es verdad que la historia que tiene más fuerza, y que más repercusión literaria ha tenido, es el "San Manuel Bueno". Como anécdota comentaré que tengo la duodécima edición de este libro, de Espasa-Calpe, en la Colección Austral, Madrid, 1978. (Hoy me ha elegido este libro, que parecía llamarme desde los anaqueles de la biblioteca de casa).

No es fácil hablar de Miguel de Unamuno por la complejidad de su pensamiento, por sus paradojas, por su ímpetu literario, por su personalidad arrolladora. Figura sobresaliente de la Generación del 98, quizá el más indiscutible de la misma,  vivió inmerso en las contradicciones de su tiempo y en sus propias contradicciones, siendo su vida una antinomia constante. De profunda fe católica, bordeó la ortodoxia, como nos ocurre en "San Manuel", llevándonos a honduras espirituales que nos hacen reflexionar sobre el alcance de la fe y la "lucha" que supone para el ser humano.

El relato está en manos de Ángela Carballino y está ambientado en San Martín de Castañeda, en el zamorano Lago de Sanabria, un lugar especialmente hermoso que merece la pena visitar para conocer el escenario de la novela (y, por supuesto, por el lugar en sí, que tiene méritos sobrados). En realidad la misma se construye a través de sus personajes, sin más adornos, en un permanente diálogo entre fe y hombre, entre Dios y hombre, con todas las paradojas unamunianas, de las que este libro bien puede ser una magnífico resumen.

En las páginas del "San Manuel" encontramos temas como la inmortalidad y la fe y la tensión entre una verdad que se considera trágica y una felicidad ilusoria, un conflicto que el propio escritor no llegar a resolver, dejando muchas preguntas en el aire, pues quizá no puede ser de otra manera. Sin embargo, la esperanza permanece abierta, pues el relato rezuma un profundo amor al prójimo. En la obra subyacen las ideas teológicas de la época y distintas corrientes espirituales que efectúan planteamientos similares a los de Don Miguel.

Para aquellos espítitus inquietos, para aquellos "buscadores", es un libro magnífico para ser leído junto a "Diario de un cura rural", de George Bernanos, del que ya tendremos ocasión de hablar en otro momento. En ambos casos son planteamientos de altura teológica que, personalmente, considero que no hacen mella en la fe, sino que la podan, la hacen crecer, la acrecientan en el crisol de la razón.

Hay muchas ediciones de este clásico, pero os dejo la portada de la de Cátedra, a cargo de Mario Valdés, en la que no figuran las otras tres novelas citadas.




Fernando Alda Sánchez


viernes, 2 de agosto de 2019

Una brasa

Ese día la muerte tuvo que cerrar los ojos,

sufrir,
pues conoció que sería vencida años
más tarde. El viento traía la Luz
en medio de la soledad del hombre:
en los campos, una brasa, una
estrella, un clamor de corazones
que se yergue sobre el vuelo de las aves.
En un establo, en una aldea,
en silencio: Cristo duerme.


Fernando Alda Sánchez




"La casa de los espíritus"

"La casa de los espíritus", Isabel Allende (Lima, 1942). Sin duda es una de las grandes novelas de la literatura hispanoamericana contemporánea y su autora una de las escritoras en español que probablemente más difusión han alcanzado de su obra.

"La casa de los espíritus", y sus continuaciones, es una novela deliciosa que nos cuenta una saga familiar a través de sus mujeres. Isabel Allende escribe con claridad de lenguaje y con claridad narrativa, quizá por aquello de que también ha sido periodista, escribe con fineza, con sensibilidad, dando una visión alternativa de la realidad que narra.

 El "realismo" de la escritura de Allende está teñido de ternura en la mirada con la que nos presenta a sus personajes, no exentos de las contradicciones del ser humano, con toda su escala de colores y de atributos, en el que importa el alma de las personas, de las cosas también, quizá, buscando el sentido de la existencia y el por qué de lo que nos hace seres humanos.

Así comienza el relato: "Barrabás llegó a la familia por vía marítima, anotó la niña Clara con su delicada caligrafía. Ya entonces tenía el hábito de escribir las cosas importantes y más tarde, cuando se quedó muda, escribía también las trivialidades, sin sospechar que cincuenta años después, sus cuadernos me servirían para rescatar la memoria del pasado y para sobrevivir a mi propio espanto". Y es que la novela es un verdadero ejercicio de memoria recobrada, de recuerdos, de vida que fluye como un río en el que el lector se sumerge y se empapa hasta la médula, pero es también un ejercicio de predicción, de visión del futuro, de interpretación de los sueños, acaso por los espíritus que pueblan la novela, la casa, la propia forma de escribir. La escritura es también una forma de redencion, de vencer a la muerte y al miedo.

Como siempre os dejo una portada de alguna de las ediciones de la novela. En esta ocasión corresponde a la realizada por "Debolsillo".

  1. Fernando Alda Sánchez

jueves, 1 de agosto de 2019

Desde el claustro

"¡Qué descansada vida
la que huye el mundanal ruido,
y sigue la escondida
senda, por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido!"

Fray Luis de León




Contemplas desde la torre
el hielo en los alcores, el invierno
nublarte las sienes, nunca recordar
quien fuiste. Llamaras a esta puerta
en el alba, y hoy desde los libros
evocar triste una edad pasada,
que abrasa en la memoria,
es consuelo o dulcísimo morir.
El agua en el pozo, sobre el cielo
reflejada, devuelve
la calma, el transcurrir de la vida
en el aire, el dolor del hombre
o pasión de entregarse a Dios.
Suena entre las aves la campana,
en los ojos un frío velar
te entregó a la tierra: retiran el cuerpo
callado del claustro y del recuerdo.
  • Fernando Alda Sánchez

"La casa encendida"

Aunque el título de esta entrada al blog es el que corresponde al extenso poema "La casa encendida", publicado en el año 1949 por Luis Rosales (Granada, 1910 - Madrid, 1992), creo de justicia que al mismo le acompañe otro libro de poemas del mismo autor "Rimas", del año 1951. Ambos los he encontrado en una sola edición de Espasa Calpe, en Selecciones Austral, del año 1979, Madrid.

El primero está considerado como uno de los libros más importantes de Rosales y también de la lírica contemporánea española. Ambos pertenecen a la etapa autobiográfica del autor y, aunque la fecha de publicación de ambos es distinta, pudiera ser que la redacción de los dos libros fuera inversa, es decir, primero "Rimas" y luego "La casa encendida".

Este último es una gran alegoría, con formato onírico y ciertos aires surrealistas, en el que la casa del poeta es real, convertida en símbolo del hogar interior del mismo, con un doble juego entre el referente cotidiano y las simbologías del mas allá. El título proviene de la cuarta parte del poema, la casa de Luis Rosales en la Calle Altamirano, 34, en Madrid.

"Rimas" recoge poemas escritos desde el año 37 en adelante y pese a que su publicación corresponde al año 1951 ha ido recibiendo nuevas composiciones, por lo que no tiene una estructura cerrada.

Luis Rosales, que pertenece a la Generación del 36, llevará a su poesía, cargada de un profundo lirismo, su mundo cotidiano, a caballo entre Granada y su paisaje y la sierra de Guadarrama, contemplada desde Madrid, la Ciudad Universitaria y el mundo que la rodea, en una larga trayectoria como poeta.

En "La casa encendida" Luis Rosales trata de recobrar la mirada pues está "ciego por voluntad y por destino":

"Porque todo es igual y tu lo sabes,
has llegado a tu casa, y has cerrado la puerta
con ese mismo gesto con que se tira un día,
con que se quita la hoja atrasada al calendario
cuando todo es igual y tú lo sabes".

Así comienza este extraordinario poema, con la casa apagada de Altamirano, pasando luego por otros hogares, como la casa de la Facultad de Filosofía, la casa de sus padres en Granada, hasta regresar al inicio, en un círculo mágico y virtuoso, que es de nuevo la casa del poeta, la casa que ya está encendida:

-"Buenas noches, don Luis"" -dice el sereno,
y al mirar hacia arriba,
vi iluminadas, obradoras, radiantes, estelares,
las ventanas,
-sí, todas las ventanas-,
Gracias, Señor, la casa está encendida"

Os dejo la portada de Cátedra, que además de los dos libros indicados incluye también "El contenido del corazón".


Fernando Alda Sánchez