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sábado, 14 de marzo de 2026

La heredad de la memoria, 14

 

Foto: Fernando Alda Sánchez


Entre los nombres que te salen al paso
cuando caminas en la alameda
está el comienzo aquel 
de las palabras, el del lenguaje
que nació en estos campos de soledad.
Abismos hay que ir salvando
en el momento en el que declina
la expresión del dolor, la cima
de la rabia, y en la médula de lo absurdo
se transforma el veneno en indiferencia.
Alcanza lo soñado a describir
algunos de los estados por los que transita el alma
en su peregrinaje, de lo aéreo
a lo sólido, como queriendo
dejar constancia de que la noche
prepara su brebaje oscuro
y lo derrama sin criterio.
Este es tu dominio, de límites
imprecisos, en el que se oculta
el arcano del origen, el misterio
de los otoños sucesivos que no dejan
lugar a otra estación. Y todo arde.



Fernando Alda Sánchez



La heredad de la memoria, 13

 

Foto: Fernando Alda

Es el designio de las cumbres de las montañas,

el olor de los bosques tras la lluvia,
el caminar del sol sobre las arboledas
que acompañan a los ríos. Mirar
siempre, un ardor de amores
que van dejando sus ascuas en la luz
que desvela el contorno de los misterios,
la sombra del agua, los escombros
del pensamiento, y es sol naciente,
el delirio de un paisaje de anémonas
azules que se tiñe con el fruto
de los madroños. Espesa voz,
cambiante signo,
nada retiene la libertad de elegir
el camino, el polvo
que pisarán dormidas tus sandalias.


Fernando Alda

La heredad de la memoria, 12

Foto: Fernando Alda


Se acaba el cuaderno en el que escribes
igual que se va apagando el pábilo
de una vela, mortecina 
ausencia que la tinta impregna
con la melancolía de las caracolas
que se quedaron mudas
en la orilla del mar,
entre la arena triste y los restos
vencidos de las algas secas.
Así ahora fluye, entre el dolor
y la desolación de la muerte,
el tiempo que esperas
comience a devanarse
en este patio en el que las hojas
del cerezo abandonan el beso
cálido de sus ramas,
perdido el estandarte rojo de los frutos
que ofrecieron a los hombres
y a los pájaros en el verano,
esperando otras lluvias y otras nieves,
otro sol, para que vuelvan
a florecer como lo hace
tu alma cuando comienza
a presentir los meses intensos
que serán de la primavera.


Fernando Alda

viernes, 13 de marzo de 2026

La heredad de la memoria, 11

 

Foto: Fernando Alda


La voluntad de los líquenes para colonizar
la roca que habitan es la búsqueda
de la sed y de los helechos,
la estrategia del caracol para avanzar
tan despacio por el filo de una cuchilla,
viendo lo que otros no ven,
una realidad apuntalada con apeos,
sostenida, únicamente,
por los hilos frágiles
de la sensibilidad y la imaginación.
Tras la máscara, la mirada azul,
la que vendrá a buscarte cuando
dormido pienses que está todo
en calma, la que saltará
las tapias y los bardales
con los que te proteges
de los nuevos bárbaros que acechan
lo que son tu casa y tu secreto,
el silo oculto en el que atesoras
aquello que fue tu vida y no habrá
de sostenerte en el embate.
Despertará el humo manso
en señal de que el corazón
late todavía certero
en esta aldea, será el día,
y en las ruinas de la memoria
crecerán la madreselva y el muérdago,
como tributos imposibles
a todo aquello que no tiene retorno.


Fernando Alda

La heredad de la memoria, 10

 

Foto: Fernando Alda

En los campos se estremece
la belleza de lo que está solo,
en el suspiro que las flores
silvestres exhalan al paso del viento,
en los oteros pardos, testigos
que son de vidas que se gastaron
bajo las pesadas ruedas del molino,
ya inmóviles, esperando el agua
que se pierde por el canal roto,
como agosto,
de tus entrañas. Entre tus manos,
una candela, para decir
que estás aquí, que eres:
en el azul de los ojos de la dama
de hielo, un destello,
acaso, una tregua.


Fernando Alda

La heredad de la memoria, 9

 
Foto: Fernando Alda



Es el momento de pensar
en el aleteo de un pájaro que va
hacia el sur, en el
que deja en la ventana que abrirá
en la tarde aleando como metales
preciosos los aromas que bendecirán
las estancias que están abiertas
en las plazas, esperándote.
No lloverá estos días,
perdurará la atmósfera que envuelve
la salutación de la alegría,
y estarán los caminos despejados
de derrotas. Arderá la nieve,
será la luna y regresará a la sementera.


Fernando Alda

miércoles, 11 de marzo de 2026

La heredad de la memoria, 8

 

Foto: Fernando Alda

Entre los muros de barro
quedó sepultado el deseo incandescente
de volar, de dejar el dolor atrás,
el anhelo de ascender
por la escala que sube a los cielos
y hallar la eternidad.
En el adobe está la verdad,
el origen, ese sentimiento
de pertenecer a las raíces
que sostienen el mundo,
el vuelo de las águilas
y su resistencia a caer.
Más allá de las tapias estaba la vida,
la otra vida, la del ruido y la furia terribles,
la de los corazones deshabitados.
Y hoy te preguntas si mereció la pena
el abandono, la desolación,
el ser de paja, de cabeza hueca,
o renunciar al color de los amaneceres
en campo abierto, que tiñe la hiedra
con el esplendor de las amapolas, con su rubor
último, que besa descuidado
el labajo en el que anida la melancolía.


Fernando Alda Sánchez