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| Foto: Fernando Alda |
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Es la celebración de la aurora,
de la luz primera, la que te convoca
entre estos pinares
en los que habita la infancia
que luego perdiste en la espesura
de los años, la inocencia
en los cielos tan altos de esta Castilla
deshabitada que ahora evocas
en el viento,
ese que deja en tu ventana
los aromas de la siega
aventados en los caminos
que un día fueron promesa
y nostalgia.
Repites con tu voz los nombres
conocidos, como ángeles
que despertasen de un sueño
prolongado, y suena en la calle
que ahora recorres una canción
conocida, memoria
de otros pasos que se fueron
quedando perdidos
en el atrio de la iglesia.
Fernando Alda Sánchez






