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sábado, 28 de marzo de 2026

La heredad de la memoria, 18

 

Foto: Fernando Alda Sánchez


A San Juan de la Cruz



Enamorado está el sauce
con el peso de la luz, con la atracción
del agua, y con su melena
undosa encubre la transparencia de la escena,
la celebración de la indolencia
de las ramas cautivas
que abrazan la lectura
de ese libro de poemas que tienes
entre las manos:
"... cesó todo y dejeme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado"
en la boca de la noche,
tan grande y tan negra, tan oscura,
en la que esperas hallar las cuerdas
del laúd y su música,
la extensión del alma
en la que habita el círculo
perfecto, el dedo divino
que te hizo hablar.
Ardiente está el corazón
que es todo ascuas,
cuando en los campos se encienden
las amapolas y resulta rojizo
el declinar inesperado del día.


Fernando Alda Sánchez

La heredad de la memoria, 17

Foto: Fernando Alda Sánchez


Como agua y sombra
se derrama la melancolía
en este otoño de presagios,
y árboles en llamas,
láminas de luz entre la niebla,
ascuas de dolor, rescoldos
de lágrimas, la tensa espera
entre la vida y la muerte
cuando el aire y el fuego
se tensan para que todo estalle
y sea noviembre. En el arca
escondida está la noche esperando
pintarse las estrellas,
volver a ser, como siempre,
el refugio de la nieve que no acaba
de llegar, el baile de la dama
azul, un broche de plata
vieja que sostiene los telones
oscuros que albergan lo que existe.
Al fondo, en el paisaje,
las figuras febles que interpretan
la vida, las formas de barro
haciéndose, esperando acaso
el aliento divino para ser.
Arboledas en llamas en el sueño,
chispas de cañaveral ardiendo,
en esa duermevela en la que depositas
las alas que te van naciendo al coronar
la fiebre de los espejos, como una ofrenda
en la que entregas el color
ocre de la mirada.


Fernando Alda Sánchez
 

La heredad de la memoria, 16

 

Foto: Fernando Alda Sánchez


Entre los rescoldos de las palabras
que ardieron en la belleza
quedaron las ascuas del dolor,
del sinsentido, de la muerte absurda,
los gélidos mármoles, los alabastros
fríos de las estatuas rotas,
decapitadas por el tiempo.
En esas cenizas los carbones
encendidos de lo que sufre,
la huella urente que la ausencia
fue dejando sobre la piel de la vida,
las palabras ahogadas
en los lagos de la desmemoria
y el abandono, la maleza que hoy
cubre inmisericorde
el resplandor del retablo
en el que se representa el mundo
de estación en estación.
Allí tus sueños,
los que tanto amaste, en añicos,
en pedazos de cielo,
como jirones desprendidos a bocados
furiosos del cadáver de los años,
mirando siempre, sin hacer nada
que valga la pena, dejando
pasar los días con la indolencia
de las primeras flores de mayo,
que crecen invulnerables
y terminan ajadas
como todo lo que fluye y se alza.
Vendrán a por ti los fuegos y las parcas,
las furias terribles, todo lo que abandonaste
como el que deja su chaqueta
sobre una silla
sin pensar en más,
sin saber que los ríos retornan
en la lluvia, que el aire
se entenebrece, como la luz,
y no nos deja ver la circulación
de la sangre. Cuánta tristeza
en lo muerto, en lo que se descompone
entre el musgo húmedo y ardiente,
y acaba siendo tierra, solo tierra.


Fernando Alda Sánchez

La heredad de la memoria, 15

 

Foto: Fernando Alda


Nosotros, los melancólicos,

los heridos por la tristeza,
aquellos que en las lágrimas
contemplamos un otoño
perpetuo y en las corolas
de las flores encontramos
las cenizas de la hoguera
del existir, hacia el oeste.
Somos lo que buscamos
incesantemente, el elixir
último de lo que está y es,
en el tejerse de la historia,
somos aquellos que no hallamos
acomodo en estas prisiones
de hierro a las que quiere 
someternos el mundo,
somos los que en la noche
y en los amaneceres encontramos,
al igual que en el incierto ocaso,
el sentido de los seres viviendo,
el esplendor de su presencia,
la salida que el alma necesita
para hablar de eternidad,
la más cierta belleza.


Fernando Alda Sánchez




sábado, 14 de marzo de 2026

La heredad de la memoria, 14

 

Foto: Fernando Alda Sánchez


Entre los nombres que te salen al paso
cuando caminas en la alameda
está el comienzo aquel 
de las palabras, el del lenguaje
que nació en estos campos de soledad.
Abismos hay que ir salvando
en el momento en el que declina
la expresión del dolor, la cima
de la rabia, y en la médula de lo absurdo
se transforma el veneno en indiferencia.
Alcanza lo soñado a describir
algunos de los estados por los que transita el alma
en su peregrinaje, de lo aéreo
a lo sólido, como queriendo
dejar constancia de que la noche
prepara su brebaje oscuro
y lo derrama sin criterio.
Este es tu dominio, de límites
imprecisos, en el que se oculta
el arcano del origen, el misterio
de los otoños sucesivos que no dejan
lugar a otra estación. Y todo arde.



Fernando Alda Sánchez



La heredad de la memoria, 13

 

Foto: Fernando Alda

Es el designio de las cumbres de las montañas,

el olor de los bosques tras la lluvia,
el caminar del sol sobre las arboledas
que acompañan a los ríos. Mirar
siempre, un ardor de amores
que van dejando sus ascuas en la luz
que desvela el contorno de los misterios,
la sombra del agua, los escombros
del pensamiento, y es sol naciente,
el delirio de un paisaje de anémonas
azules que se tiñe con el fruto
de los madroños. Espesa voz,
cambiante signo,
nada retiene la libertad de elegir
el camino, el polvo
que pisarán dormidas tus sandalias.


Fernando Alda

La heredad de la memoria, 12

Foto: Fernando Alda


Se acaba el cuaderno en el que escribes
igual que se va apagando el pábilo
de una vela, mortecina 
ausencia que la tinta impregna
con la melancolía de las caracolas
que se quedaron mudas
en la orilla del mar,
entre la arena triste y los restos
vencidos de las algas secas.
Así ahora fluye, entre el dolor
y la desolación de la muerte,
el tiempo que esperas
comience a devanarse
en este patio en el que las hojas
del cerezo abandonan el beso
cálido de sus ramas,
perdido el estandarte rojo de los frutos
que ofrecieron a los hombres
y a los pájaros en el verano,
esperando otras lluvias y otras nieves,
otro sol, para que vuelvan
a florecer como lo hace
tu alma cuando comienza
a presentir los meses intensos
que serán de la primavera.


Fernando Alda