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| Foto: Fernando Alda Sánchez |
A San Juan de la Cruz
Enamorado está el sauce
con el peso de la luz, con la atracción
del agua, y con su melena
undosa encubre la transparencia de la escena,
la celebración de la indolencia
de las ramas cautivas
que abrazan la lectura
de ese libro de poemas que tienes
entre las manos:
"... cesó todo y dejeme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado"
en la boca de la noche,
tan grande y tan negra, tan oscura,
en la que esperas hallar las cuerdas
del laúd y su música,
la extensión del alma
en la que habita el círculo
perfecto, el dedo divino
que te hizo hablar.
Ardiente está el corazón
que es todo ascuas,
cuando en los campos se encienden
las amapolas y resulta rojizo
el declinar inesperado del día.
Fernando Alda Sánchez






