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jueves, 5 de febrero de 2026

Con los ojos muy abiertos, y 40


Foto: Fernando Alda



 Con este poema finalizo la publicación del libro "Con los ojos muy abiertos"


XL



Nada me llevaré, Señor,
todo te lo he dado; mis fuerzas
solo alcanzan para entreabrir
estos ojos, tan cansados,
y comprobar que en tus manos
están los días de lluvia
que me hicieron escribir
algún poema,
lo que amé y aún amo
intensamente,
estos pedazos de alma
que arden como rescoldos
cuando el viento
aviva su rojo corazón.
Tal como vine, encendido
de amor, me iré a tu Luz,
al castillo de cristal,
allí donde la sed se apaga
para siempre.



Fernando Alda


Con los ojos muy abiertos, 39

 

Foto: Fernando Alda



XXXIX



Ilumina mi voz en ascuas
este fondo oscuro en el que he ido
depositando, como sin saberlo,
las astillas del asombro, la capacidad
de mirar con los ojos entornados
el círculo que encierra la voluntad
y la hace fluir, crecer entre la altura
de las flores,
junto al beso que promete
la guadaña, bajo la sombra
de la nostalgia que comienza
a cobijar, desabrida, mis recuerdos.


Fernando Alda

Con los ojos muy abiertos, 38

 

Foto: Fernando Alda


XXXVIII



Encuentro nombres entre los escombros
y la hojarasca de este jardín
abandonado, pequeños reptiles,
crustáceos ciegos, diminutos
insectos brillantes que van colonizando,
junto a la fidelidad de la hiedra, la gélida
superficie de las estatuas, el nácar
de los ojos cuando miro
muy despacio el interior
de las fuentes en las que nace
el relámpago, el resplandor de la tormenta.


Fernando Alda




Con los ojos muy abiertos, 37

 

Foto: Fernando Alda



XXVII


Está la tarde de abril muriendo,
de un amarillo encendido,
parece verano, tal un presentimiento,
pues los pájaros que habitan
el jardín de casa han enmudecido
y su silencio es preludio,
aún no se de qué, y tanta
quietud bajo el sol, que mira
sin ver, ciego de luz,
parece una premonición
de las furias, del funesto 
golpe que en ocasiones nos asestan
en la nuca, sin venir a cuento,
ese mazazo que nos atonta
y confunde, y nos expulsa del camino,
de la senda que elegimos,
sin mucho conocimiento,
como avecillas desnortadas
que acaban de darse cuenta
de que han sido
capaces de vencer a otro invierno.


Fernando Alda