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jueves, 24 de febrero de 2022

Arde en el sol...

 





Arde en el sol de la tarde

la ausencia de los ojos
fríos que indiferentes fueron,
solo una mirada
de melancolía, 
aquellos que no supieron
descubrir el fulgor del viento
peinando la cabellera
undosa de la luz
en los amaneceres idos.
En las manos, solo unos acianos
secos, el esplendor que aún  perdura
de las estatuas mutiladas,
el gemido de un violín 
solitario que cabalga hacia el confín 
de la noche oscura.
Nada espero ya,
solo llorar o ser llorado,
en oración  fúnebre,
sobre el mármol en el que quedó 
grabado un epitafio de sombras.

Fernando Alda 

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