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viernes, 4 de marzo de 2022

Es la lluvia...

 



Es la lluvia en tus manos
una bendición de los cielos altos,
esa que ya no recordabas cómo sonaba
en el tejado de casa,
sobre el esplendor de los rosales,
en la boca de la noche
que proclama los nombres de las estrellas.
Llueve, como si nada más ocurriese,
tan despacio que es posible
contar las gotas y alegrarse
con la luz que se derrama
desde una copa de vino
que arde en los labios de la mañana.
Llueve, y tú miras llover,
sereno frente a la muerte,
esperando...


Fernando Alda

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