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| Foto: Fernando Alda |
XXXVI
Misterio es asomarse a los abismos
que ciegan la visión de la transparencia
del agua, su consistencia, saber por qué
refracta la luz
o conocer la razón por la que el poeta
puso sus ojos en ella como si fuese nuestra vida,
la que es como el río que va al mar, buscando
el océano, esa inmensa casa de los muertos, la morada
de la dama de azul,
sin tener constancia de que el agua
regresa con la lluvia, como nosotros
lo hacemos en cada libro
que se escribe, en cada deseo
enardecido que el viento
lleva y trae a su antojo,
y deja en una u otra
veleta, de las que le salen al paso;
vano intento, pues las mueve
y abandona a su voluntad.
El agua y el viento, para conjurar
la muerte, para salir a los caminos
y proclamar lo que queremos ser,
pero no nos dejan, pues el aire
se vuelve en nuestra contra,
y acaso no respiramos las veces
que son necesarias cada minuto
o nos falta el espacio suficiente
para respirar.
Fernando Alda

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