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martes, 21 de julio de 2026

La heredad de la memoria, y 30

Foto: Fernando Alda
 


En el oeste está la repuesta,

el fuego que renace,
la rosa del otoño, la cálida
luz que bendice
las formas del agua.



Fernando Alda


La heredad de la memoria, 29

Foto: Fernando Alda

 

Regresa oscura la noche

a los límites del ocaso,
a la forma de las estrellas
y los astros, como temiendo
no poder volver jamás,
como si en su respirar
hubiera fracasado el silencio,
el alba de la sangre,
y las ascuas se remecen...



Fernando Alda Sánchez


La heredad de la memoria, 28

 
Foto: Fernando Alda




Llevas la soledad prendida
en tus ojos con los alfileres de la melancolía,
con las flores que acaban de abrirse
en las últimas horas del verano,
como en tierra de nadie,
y se ofrecen, tan frescas y hermosas,
en la primera luz de la mañana,
esa que estrenamos siempre
nada más abrir los ojos
para comprobar que todo está en su sitio,
que nada ha sido movido o cambiado
y que el reloj funciona
con la precisión habitual que nos conduce
a la muerte, al gran salto al vacío,
asidos a la fe pequeña que hemos
ido guardando durante la noche,
como las furias o las parcas,
tal aves de paso que nunca duermen.



Fernando Alda Sánchez

martes, 14 de julio de 2026

La heredad de la memoria, 27

 

Foto: Fernando Alda Sánchez



Es el momento de recoger

las cenizas, los añicos en los que quedó
la vida, las sobras del banquete,
y mirar hacia el oeste, y ver
cómo los últimos restos de la hoguera
se extinguen entre la neblina
y la lluvia. En la calle,
el verdor del musgo, el tacto
de los líquenes que siguen buscando
el agua desde el primer día del mundo,
tus pasos cansados que te llevan
al portal de casa,
a la escalera que subes y bajas
todos los días recordando la libertad.
Para el año que viene habrá
una nueva siega, lo sabes
como lo sabe la hierba que aún no ha nacido
y ya espera el gélido abrazo de la segur
que empuña la mano airada
de hueso, la que mece los atardeceres
y las penumbras, la sombra
entera, el resuello de la luz
cuando se acaba entre los párpados
que se cierran, como el que corre 
una cortina o baja una persiana:
tan en secreto y lentamente,
sin percibirlo siquiera.


Fernando Alda Sánchez