![]() |
| Foto: Fernando Alda Sánchez |
Entre los rescoldos de las palabras
que ardieron en la belleza
quedaron las ascuas del dolor,
del sinsentido, de la muerte absurda,
los gélidos mármoles, los alabastros
fríos de las estatuas rotas,
decapitadas por el tiempo.
En esas cenizas los carbones
encendidos de lo que sufre,
la huella urente que la ausencia
fue dejando sobre la piel de la vida,
las palabras ahogadas
en los lagos de la desmemoria
y el abandono, la maleza que hoy
cubre inmisericorde
el resplandor del retablo
en el que se representa el mundo
de estación en estación.
Allí tus sueños,
los que tanto amaste, en añicos,
en pedazos de cielo,
como jirones desprendidos a bocados
furiosos del cadáver de los años,
mirando siempre, sin hacer nada
que valga la pena, dejando
pasar los días con la indolencia
de las primeras flores de mayo,
que crecen invulnerables
y terminan ajadas
como todo lo que fluye y se alza.
Vendrán a por ti los fuegos y las parcas,
las furias terribles, todo lo que abandonaste
como el que deja su chaqueta
sobre una silla
sin pensar en más,
sin saber que los ríos retornan
en la lluvia, que el aire
se entenebrece, como la luz,
y no nos deja ver la circulación
de la sangre. Cuánta tristeza
en lo muerto, en lo que se descompone
entre el musgo húmedo y ardiente,
y acaba siendo tierra, solo tierra.
Fernando Alda Sánchez

No hay comentarios:
Publicar un comentario