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martes, 20 de octubre de 2020

Ínsulas en llamas, 20

 


XX

El mundo no sabe de tu dolor,

de la negra semilla de la soledad
más negra.
Los balcones de tu casa se cierran
en luto y la helada
mano del abandono
aprieta el alma
con fuerza de monstruo, Leviatán
acaso...
El tiempo se deshace
en cenizas, la vida
se deshoja en ruinas
y solo hay llanto y vacío
sobre tu cabeza penitente,
tal una corona
de arsénico, el beso del acónito,
un láudano
atroz que ahogase
cualquier latido
de la esperanza.
Nombras de nuevo la tristeza
con versos de hielo,
y te abrazas, exhausto,
exangüe, a una mirada
del sol, cuando el día
cae decapitado,
su cabeza en un cesto,
y te adormeces buscando
la improbable protección
del sueño.

Fernando Alda Sánchez

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