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miércoles, 4 de agosto de 2021

La sola luz que amanece

 


Sin entradas en la agenda,

la sola luz que amanece
entre los acianos, aún desperezándose
de lo que fue la noche,
esa en la que cayeron las estrellas
a los abismos de los estanques,
o fue el dolor, la rosa
de espinas, un pétalo
herido que quedó atrapado
en la trampa del tiempo.
Tú también despiertas,
queriendo que venga el día
con sus fulgores a adornar
tus sienes que el rocío bendice,
abriendo los brazos al horizonte
de siempre por el que vendrán,
sin saberlo, la memoria
y el fuego, por la ventana
vieja desde la que te asomas al paisaje.
Las manos te tiemblan en los bolsillos
mientras el sol se alza
sobre estas tapias y su sombra.
En los álamos, el viento
prende canciones que ya olvidaste
y ahora se encienden como la lluvia
de verano en las amapolas.

Fernando Alda


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