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| Foto: Fernando Alda |
Crecida está la sombra del manzano
deshojado en el patio,
en esta tarde de presagios
y desvelos, pues esperas el abrazo
de la dama de nieve, tan azul,
junto al sonido lúgubre de la fuente,
que parece acabarse
también contigo: ¿Vendrá o es
solo un sueño? En el agua se despeina
la cabellera de lo que será la noche,
luego, más tarde, y que se verá trenzada
de estrellas y de plata vieja,
como la luna, con su mirar,
desde esos mares secos, de polvo
antiguo, sin gravedad,
que no han sido habitados,
como tus recuerdos, ahora,
mientras aguardas el destino,
la hora incierta,
con la angustia de las flores
que van a ser cortadas y puestas
en un búcaro roto junto a la ventana
en esa habitación
solitaria y fría, que da al norte,
en la que nadie
entra desde hace ya mucho tiempo,
como nadie entra en tu casa,
al patio, que languidece
ahora entre la hojarasca
que no encuentra
quien la quiera limpiar.
Fernando Alda

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