Buscar este blog

jueves, 17 de marzo de 2022

Las alas de Ícaro, 4

 


IV 



Tengo que escribir todo

lo que no he escrito
y quedó en el papel mojado
por la lluvia y las lágrimas
sobre las frías losas de esta calle tan oscura
y tan triste en la que vive el desconsuelo.
Como agua fresca te saben
las palabras, su sonora
certeza, la plenitud con la que bajan
a la tierra desde las estrellas.
No hay forma de comprobar
esto que piensas ahora,
son solo recuerdos de un poeta
guardados entre las cenizas
de la noche, ilusiones
envueltas en hojas de periódico,
dejadas en una caja de cartón,
para su mudanza a un espíritu
menos desangelado.


Fernando Alda

miércoles, 16 de marzo de 2022

Las alas de Ícaro, 3

 




III


Tanta ternura en el beso

de esa madre que despide al soldado,
sabiendo que no regresará
del frente, así hoy
la nostalgia, las manos rotas
de la estatua de mármol que fue
desenterrada en Pompeya,
el albo aliento de la luz
al deshacerse en estas nubes
que coronan el día y volverán al mar,
que todo contiene.
Una melancolía de fuego
viste el iris de la sombra,
el nacimiento de las voces
que recuerdan el paso de la batalla,
los ojos de la hidra,
la pregunta terrible de la esfinge,
el mundo inmenso
a tus pies, sin tú saberlo.


Fernando Alda

martes, 15 de marzo de 2022

Las alas de Ícaro, 2

 




II


Es el momento de contar

las canicas de colores
guardadas en esa caja de metal,
tan vieja, escondida
en el baúl del deseo,
al fondo de la memoria,
pues urgen el tiempo y la luz
a salir a campo descubierto,
a enfrentarse con los horizontes
que caben en tu mirada.
Hoy, ni el arco de Odiseo
será defensa cuando la mano
azul venga a cerrar tus ojos,
que estarán quietos,
respirando,
como si el alba no viniese nunca
pese a que la estamos esperando.

Fernando Alda

lunes, 14 de marzo de 2022

Las alas de Ícaro, 1

 





Inicio hoy en el blog la publicación de un nuevo poemario, bajo el título de "Las alas de Ícaro", en estos tiempos de soledades y ausencias, en estos días tan  recios de desmemoria y melancolías, para que, al menos, la poesía nos alivie la tristeza.


"La luz penetra donde no brilla el sol;
donde ningún mar corre, las aguas del corazón
impulsan sus mareas;
y, cual espíritus quebrados, con luciérnagas en la cabeza,
los corpúsculos de luz
se filtran en la carne donde no hay carne que vista
los huesos"

Dylan Thomas



I


Unos labios en la copa

del árbol desde el que mira
el asombro, la quimera del oro
perdido en cada mediodía,
las alas de Ícaro abandonadas
en el rincón más oscuro del laberinto.
Todo ello habita en tus sueños,
madeja infinita que no sabes
cómo desliar, acaso una urdimbre
de niebla, un tesoro
hallado en los bolsillos del pantalón,
como para andar por casa,
en zapatillas, sin saber qué hacer,
el corazón hecho trizas
de tanto dolor.

Fernando Alda





viernes, 4 de marzo de 2022

Es la lluvia...

 



Es la lluvia en tus manos
una bendición de los cielos altos,
esa que ya no recordabas cómo sonaba
en el tejado de casa,
sobre el esplendor de los rosales,
en la boca de la noche
que proclama los nombres de las estrellas.
Llueve, como si nada más ocurriese,
tan despacio que es posible
contar las gotas y alegrarse
con la luz que se derrama
desde una copa de vino
que arde en los labios de la mañana.
Llueve, y tú miras llover,
sereno frente a la muerte,
esperando...


Fernando Alda

jueves, 24 de febrero de 2022

Arde en el sol...

 





Arde en el sol de la tarde

la ausencia de los ojos
fríos que indiferentes fueron,
solo una mirada
de melancolía, 
aquellos que no supieron
descubrir el fulgor del viento
peinando la cabellera
undosa de la luz
en los amaneceres idos.
En las manos, solo unos acianos
secos, el esplendor que aún  perdura
de las estatuas mutiladas,
el gemido de un violín 
solitario que cabalga hacia el confín 
de la noche oscura.
Nada espero ya,
solo llorar o ser llorado,
en oración  fúnebre,
sobre el mármol en el que quedó 
grabado un epitafio de sombras.

Fernando Alda 

miércoles, 2 de febrero de 2022

La sola espera

 


La sola espera de la luz de enero,

como ascuas de las flores
que no han sido,
un corazón de piedra o hielo,
mientras esperas que pase
el tranvía y se detenga en tu parada,
y de él se baje el aroma
de los tilos en primavera,
para recordar paseos y nostalgias,
bajo la bóveda transparente
de este cielo de ausencias y desmemorias.


Fernando Alda