"Vino y pan" es una de las novelas más conocidas de Ignazio Silone (Pescina, Italia, 1900 - Ginebra, Suiza, 1978), tras su universalmente conocida "Fontamara". En la primera reside buena parte del paisaje espiritual de un escritor inclasificable, como todos los buenos escritores.
Ignacio Silone, pseudónimo de Secondino Tranquilli, fue "un cristiano sin iglesia, un socialista sin partido", como le definió José Jiménez Lozano, alguien que "rompió primero -creyendo superarla- con su ideología y sentimentalidad cristiana, franciscana y milenarista", como dice de él Dionisio Ridruejo, en su prólogo al libro de Silone "Salida de emergencia" (Seminarios y Ediciones SA, en Revista de Occidente, Madrid, 1969), para volver a romper "luego no solo con la disciplina, -prosigue Ridruejo- sino también con la ideología del marxismo leninista para encontrarse al fin con una ideología personal, más o menos sincrética, que, tras redescubrir los valores liberales, vuelve a reivindicar el arranque cristiano de sus aspiraciones a una solidaridad redentora y es capaz de seguir usando, con una clara distinción entre medios y fines, los elementos más valiosos del arsenal teórico socialista". El fue uno de los fundadores del Partido Comunista de Italia, pero su oposición a Stalin en la Internacional Comunista le hizo abandonarlo.
Este es en buena parte el viaje espiritual e ideológico de Silone. Para entenderlo es necesario asomarse a "Salida de emergencia", pues él lo cuenta en primera personal. En "Vino y pan" encontramos todas sus obsesiones. Silone es, como Miguel de Unamuno, salvando las necesarias diferencias, un hombre de paradojas. Y ellas pueblan su narrativa.
En "Vino y pan" (tengo la edición que en Libro de Bolsillo publicó Alianza Editorial, Madrid, 1968, y que encontré casi por casualidad medio olvidada en una librería) están las contradicciones históricas de la Italia de los años 30, con el fascismo, la invasión de Etiopía, y los problemas ideológicos que el propio Ignazio Silone alimentaba en su alma, además de los cuestiones sociales y vitales del campesinado italiano. Como fondo, la región de los Abruzzos, en la que nació. La novela es un momento en la vida del protagonista, Pietro Spina, que reúne todos los fantasmas que habitan en Silone. Del personaje se dice en la novela: "A ese hombre Dios le ha tocado en el corazón desde niño, y es el mismo Dios quien le ha lanzado a las tinieblas, en busca suya. Estoy seguro de que aún ahora obedece a la voz de Dios". Es el propio Silone hablando de él mismo. Personalmente nunca he olvidado esto.
Os dejo la portada del libro en la edición de Alianza Editorial.
Esta es, sin duda, una buena novela de un escritor que nos enfrenta a nuestras propias rendiciones, a nuestras propias agonías, a los fondos del alma a los que no queremos asomarnos.
Fernando Alda Sánchez
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domingo, 4 de agosto de 2019
sábado, 3 de agosto de 2019
Mujer enamorada
Siempre abandonada su alma
en veredas de tristeza, caída
entre espinas o flor de enhebro;
la vida el inicio de una llaga, y la muerte
en los ojos vestía su negro fulgor.
¿Quién hizo renacer en ti el amor
bajo los tilos? ¿Quién el lucero
ardiente que tus senos alumbró?
Y ahora en la mirada los cisnes
han prendido su plumaje, y en los labios
la sombra del cerezo,
y en el vientre el albo aroma del limonero
dejaron memoria: ¿Cruza el cielo
alegría o es el canto de tu voz?
Fernando Alda Sánchez
en veredas de tristeza, caída
entre espinas o flor de enhebro;
la vida el inicio de una llaga, y la muerte
en los ojos vestía su negro fulgor.
¿Quién hizo renacer en ti el amor
bajo los tilos? ¿Quién el lucero
ardiente que tus senos alumbró?
Y ahora en la mirada los cisnes
han prendido su plumaje, y en los labios
la sombra del cerezo,
y en el vientre el albo aroma del limonero
dejaron memoria: ¿Cruza el cielo
alegría o es el canto de tu voz?
Fernando Alda Sánchez
"San Manuel Bueno, mártir"
"San Manuel Bueno, mártir", y tres historias más, pues así se completa el título con el que se publicaron estas cuatro novelas breves de Miguel de Unamuno (Bilbao, 1864 - Salamanca, 1936). "San Manuel bueno" apareció publicada en el año 1931 en una revista. En 1933 la Editorial Espasa-Calpe reunió en un volumen esta novela junto con otras tres: "La novela de don Sandalio, jugador de ajedrez", "Un pobre hombre rico o el sentimiento cómico de la vida" y, por último, "Una historia de amor". Se trata de un libro en conjunto delicioso, aunque bien es verdad que la historia que tiene más fuerza, y que más repercusión literaria ha tenido, es el "San Manuel Bueno". Como anécdota comentaré que tengo la duodécima edición de este libro, de Espasa-Calpe, en la Colección Austral, Madrid, 1978. (Hoy me ha elegido este libro, que parecía llamarme desde los anaqueles de la biblioteca de casa).
No es fácil hablar de Miguel de Unamuno por la complejidad de su pensamiento, por sus paradojas, por su ímpetu literario, por su personalidad arrolladora. Figura sobresaliente de la Generación del 98, quizá el más indiscutible de la misma, vivió inmerso en las contradicciones de su tiempo y en sus propias contradicciones, siendo su vida una antinomia constante. De profunda fe católica, bordeó la ortodoxia, como nos ocurre en "San Manuel", llevándonos a honduras espirituales que nos hacen reflexionar sobre el alcance de la fe y la "lucha" que supone para el ser humano.
El relato está en manos de Ángela Carballino y está ambientado en San Martín de Castañeda, en el zamorano Lago de Sanabria, un lugar especialmente hermoso que merece la pena visitar para conocer el escenario de la novela (y, por supuesto, por el lugar en sí, que tiene méritos sobrados). En realidad la misma se construye a través de sus personajes, sin más adornos, en un permanente diálogo entre fe y hombre, entre Dios y hombre, con todas las paradojas unamunianas, de las que este libro bien puede ser una magnífico resumen.
En las páginas del "San Manuel" encontramos temas como la inmortalidad y la fe y la tensión entre una verdad que se considera trágica y una felicidad ilusoria, un conflicto que el propio escritor no llegar a resolver, dejando muchas preguntas en el aire, pues quizá no puede ser de otra manera. Sin embargo, la esperanza permanece abierta, pues el relato rezuma un profundo amor al prójimo. En la obra subyacen las ideas teológicas de la época y distintas corrientes espirituales que efectúan planteamientos similares a los de Don Miguel.
Para aquellos espítitus inquietos, para aquellos "buscadores", es un libro magnífico para ser leído junto a "Diario de un cura rural", de George Bernanos, del que ya tendremos ocasión de hablar en otro momento. En ambos casos son planteamientos de altura teológica que, personalmente, considero que no hacen mella en la fe, sino que la podan, la hacen crecer, la acrecientan en el crisol de la razón.
Hay muchas ediciones de este clásico, pero os dejo la portada de la de Cátedra, a cargo de Mario Valdés, en la que no figuran las otras tres novelas citadas.
Fernando Alda Sánchez
No es fácil hablar de Miguel de Unamuno por la complejidad de su pensamiento, por sus paradojas, por su ímpetu literario, por su personalidad arrolladora. Figura sobresaliente de la Generación del 98, quizá el más indiscutible de la misma, vivió inmerso en las contradicciones de su tiempo y en sus propias contradicciones, siendo su vida una antinomia constante. De profunda fe católica, bordeó la ortodoxia, como nos ocurre en "San Manuel", llevándonos a honduras espirituales que nos hacen reflexionar sobre el alcance de la fe y la "lucha" que supone para el ser humano.
El relato está en manos de Ángela Carballino y está ambientado en San Martín de Castañeda, en el zamorano Lago de Sanabria, un lugar especialmente hermoso que merece la pena visitar para conocer el escenario de la novela (y, por supuesto, por el lugar en sí, que tiene méritos sobrados). En realidad la misma se construye a través de sus personajes, sin más adornos, en un permanente diálogo entre fe y hombre, entre Dios y hombre, con todas las paradojas unamunianas, de las que este libro bien puede ser una magnífico resumen.
En las páginas del "San Manuel" encontramos temas como la inmortalidad y la fe y la tensión entre una verdad que se considera trágica y una felicidad ilusoria, un conflicto que el propio escritor no llegar a resolver, dejando muchas preguntas en el aire, pues quizá no puede ser de otra manera. Sin embargo, la esperanza permanece abierta, pues el relato rezuma un profundo amor al prójimo. En la obra subyacen las ideas teológicas de la época y distintas corrientes espirituales que efectúan planteamientos similares a los de Don Miguel.
Para aquellos espítitus inquietos, para aquellos "buscadores", es un libro magnífico para ser leído junto a "Diario de un cura rural", de George Bernanos, del que ya tendremos ocasión de hablar en otro momento. En ambos casos son planteamientos de altura teológica que, personalmente, considero que no hacen mella en la fe, sino que la podan, la hacen crecer, la acrecientan en el crisol de la razón.
Hay muchas ediciones de este clásico, pero os dejo la portada de la de Cátedra, a cargo de Mario Valdés, en la que no figuran las otras tres novelas citadas.
Fernando Alda Sánchez
viernes, 2 de agosto de 2019
Una brasa
Ese día la muerte tuvo que cerrar los ojos,
sufrir,
pues conoció que sería vencida años
más tarde. El viento traía la Luz
en medio de la soledad del hombre:
en los campos, una brasa, una
estrella, un clamor de corazones
que se yergue sobre el vuelo de las aves.
En un establo, en una aldea,
en silencio: Cristo duerme.
Fernando Alda Sánchez
sufrir,
pues conoció que sería vencida años
más tarde. El viento traía la Luz
en medio de la soledad del hombre:
en los campos, una brasa, una
estrella, un clamor de corazones
que se yergue sobre el vuelo de las aves.
En un establo, en una aldea,
en silencio: Cristo duerme.
Fernando Alda Sánchez
"La casa de los espíritus"
"La casa de los espíritus", Isabel Allende (Lima, 1942). Sin duda es una de las grandes novelas de la literatura hispanoamericana contemporánea y su autora una de las escritoras en español que probablemente más difusión han alcanzado de su obra.
"La casa de los espíritus", y sus continuaciones, es una novela deliciosa que nos cuenta una saga familiar a través de sus mujeres. Isabel Allende escribe con claridad de lenguaje y con claridad narrativa, quizá por aquello de que también ha sido periodista, escribe con fineza, con sensibilidad, dando una visión alternativa de la realidad que narra.
El "realismo" de la escritura de Allende está teñido de ternura en la mirada con la que nos presenta a sus personajes, no exentos de las contradicciones del ser humano, con toda su escala de colores y de atributos, en el que importa el alma de las personas, de las cosas también, quizá, buscando el sentido de la existencia y el por qué de lo que nos hace seres humanos.
Así comienza el relato: "Barrabás llegó a la familia por vía marítima, anotó la niña Clara con su delicada caligrafía. Ya entonces tenía el hábito de escribir las cosas importantes y más tarde, cuando se quedó muda, escribía también las trivialidades, sin sospechar que cincuenta años después, sus cuadernos me servirían para rescatar la memoria del pasado y para sobrevivir a mi propio espanto". Y es que la novela es un verdadero ejercicio de memoria recobrada, de recuerdos, de vida que fluye como un río en el que el lector se sumerge y se empapa hasta la médula, pero es también un ejercicio de predicción, de visión del futuro, de interpretación de los sueños, acaso por los espíritus que pueblan la novela, la casa, la propia forma de escribir. La escritura es también una forma de redencion, de vencer a la muerte y al miedo.
Como siempre os dejo una portada de alguna de las ediciones de la novela. En esta ocasión corresponde a la realizada por "Debolsillo".
"La casa de los espíritus", y sus continuaciones, es una novela deliciosa que nos cuenta una saga familiar a través de sus mujeres. Isabel Allende escribe con claridad de lenguaje y con claridad narrativa, quizá por aquello de que también ha sido periodista, escribe con fineza, con sensibilidad, dando una visión alternativa de la realidad que narra.
El "realismo" de la escritura de Allende está teñido de ternura en la mirada con la que nos presenta a sus personajes, no exentos de las contradicciones del ser humano, con toda su escala de colores y de atributos, en el que importa el alma de las personas, de las cosas también, quizá, buscando el sentido de la existencia y el por qué de lo que nos hace seres humanos.
Así comienza el relato: "Barrabás llegó a la familia por vía marítima, anotó la niña Clara con su delicada caligrafía. Ya entonces tenía el hábito de escribir las cosas importantes y más tarde, cuando se quedó muda, escribía también las trivialidades, sin sospechar que cincuenta años después, sus cuadernos me servirían para rescatar la memoria del pasado y para sobrevivir a mi propio espanto". Y es que la novela es un verdadero ejercicio de memoria recobrada, de recuerdos, de vida que fluye como un río en el que el lector se sumerge y se empapa hasta la médula, pero es también un ejercicio de predicción, de visión del futuro, de interpretación de los sueños, acaso por los espíritus que pueblan la novela, la casa, la propia forma de escribir. La escritura es también una forma de redencion, de vencer a la muerte y al miedo.
Como siempre os dejo una portada de alguna de las ediciones de la novela. En esta ocasión corresponde a la realizada por "Debolsillo".
- Fernando Alda Sánchez
jueves, 1 de agosto de 2019
Desde el claustro
"¡Qué descansada vida
la que huye el mundanal ruido,
y sigue la escondida
senda, por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido!"
Fray Luis de León
Contemplas desde la torre
el hielo en los alcores, el invierno
nublarte las sienes, nunca recordar
quien fuiste. Llamaras a esta puerta
en el alba, y hoy desde los libros
evocar triste una edad pasada,
que abrasa en la memoria,
es consuelo o dulcísimo morir.
El agua en el pozo, sobre el cielo
reflejada, devuelve
la calma, el transcurrir de la vida
en el aire, el dolor del hombre
o pasión de entregarse a Dios.
Suena entre las aves la campana,
en los ojos un frío velar
te entregó a la tierra: retiran el cuerpo
callado del claustro y del recuerdo.
- Fernando Alda Sánchez
"La casa encendida"
Aunque el título de esta entrada al blog es el que corresponde al extenso poema "La casa encendida", publicado en el año 1949 por Luis Rosales (Granada, 1910 - Madrid, 1992), creo de justicia que al mismo le acompañe otro libro de poemas del mismo autor "Rimas", del año 1951. Ambos los he encontrado en una sola edición de Espasa Calpe, en Selecciones Austral, del año 1979, Madrid.
El primero está considerado como uno de los libros más importantes de Rosales y también de la lírica contemporánea española. Ambos pertenecen a la etapa autobiográfica del autor y, aunque la fecha de publicación de ambos es distinta, pudiera ser que la redacción de los dos libros fuera inversa, es decir, primero "Rimas" y luego "La casa encendida".
Este último es una gran alegoría, con formato onírico y ciertos aires surrealistas, en el que la casa del poeta es real, convertida en símbolo del hogar interior del mismo, con un doble juego entre el referente cotidiano y las simbologías del mas allá. El título proviene de la cuarta parte del poema, la casa de Luis Rosales en la Calle Altamirano, 34, en Madrid.
"Rimas" recoge poemas escritos desde el año 37 en adelante y pese a que su publicación corresponde al año 1951 ha ido recibiendo nuevas composiciones, por lo que no tiene una estructura cerrada.
Luis Rosales, que pertenece a la Generación del 36, llevará a su poesía, cargada de un profundo lirismo, su mundo cotidiano, a caballo entre Granada y su paisaje y la sierra de Guadarrama, contemplada desde Madrid, la Ciudad Universitaria y el mundo que la rodea, en una larga trayectoria como poeta.
En "La casa encendida" Luis Rosales trata de recobrar la mirada pues está "ciego por voluntad y por destino":
"Porque todo es igual y tu lo sabes,
has llegado a tu casa, y has cerrado la puerta
con ese mismo gesto con que se tira un día,
con que se quita la hoja atrasada al calendario
cuando todo es igual y tú lo sabes".
Así comienza este extraordinario poema, con la casa apagada de Altamirano, pasando luego por otros hogares, como la casa de la Facultad de Filosofía, la casa de sus padres en Granada, hasta regresar al inicio, en un círculo mágico y virtuoso, que es de nuevo la casa del poeta, la casa que ya está encendida:
-"Buenas noches, don Luis"" -dice el sereno,
y al mirar hacia arriba,
vi iluminadas, obradoras, radiantes, estelares,
las ventanas,
-sí, todas las ventanas-,
Gracias, Señor, la casa está encendida"
Os dejo la portada de Cátedra, que además de los dos libros indicados incluye también "El contenido del corazón".
Fernando Alda Sánchez
El primero está considerado como uno de los libros más importantes de Rosales y también de la lírica contemporánea española. Ambos pertenecen a la etapa autobiográfica del autor y, aunque la fecha de publicación de ambos es distinta, pudiera ser que la redacción de los dos libros fuera inversa, es decir, primero "Rimas" y luego "La casa encendida".
Este último es una gran alegoría, con formato onírico y ciertos aires surrealistas, en el que la casa del poeta es real, convertida en símbolo del hogar interior del mismo, con un doble juego entre el referente cotidiano y las simbologías del mas allá. El título proviene de la cuarta parte del poema, la casa de Luis Rosales en la Calle Altamirano, 34, en Madrid.
"Rimas" recoge poemas escritos desde el año 37 en adelante y pese a que su publicación corresponde al año 1951 ha ido recibiendo nuevas composiciones, por lo que no tiene una estructura cerrada.
Luis Rosales, que pertenece a la Generación del 36, llevará a su poesía, cargada de un profundo lirismo, su mundo cotidiano, a caballo entre Granada y su paisaje y la sierra de Guadarrama, contemplada desde Madrid, la Ciudad Universitaria y el mundo que la rodea, en una larga trayectoria como poeta.
En "La casa encendida" Luis Rosales trata de recobrar la mirada pues está "ciego por voluntad y por destino":
"Porque todo es igual y tu lo sabes,
has llegado a tu casa, y has cerrado la puerta
con ese mismo gesto con que se tira un día,
con que se quita la hoja atrasada al calendario
cuando todo es igual y tú lo sabes".
Así comienza este extraordinario poema, con la casa apagada de Altamirano, pasando luego por otros hogares, como la casa de la Facultad de Filosofía, la casa de sus padres en Granada, hasta regresar al inicio, en un círculo mágico y virtuoso, que es de nuevo la casa del poeta, la casa que ya está encendida:
-"Buenas noches, don Luis"" -dice el sereno,
y al mirar hacia arriba,
vi iluminadas, obradoras, radiantes, estelares,
las ventanas,
-sí, todas las ventanas-,
Gracias, Señor, la casa está encendida"
Os dejo la portada de Cátedra, que además de los dos libros indicados incluye también "El contenido del corazón".
Fernando Alda Sánchez
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