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viernes, 13 de marzo de 2026

La heredad de la memoria, 9

 
Foto: Fernando Alda



Es el momento de pensar
en el aleteo de un pájaro que va
hacia el sur, en el
que deja en la ventana que abrirá
en la tarde aleando como metales
preciosos los aromas que bendecirán
las estancias que están abiertas
en las plazas, esperándote.
No lloverá estos días,
perdurará la atmósfera que envuelve
la salutación de la alegría,
y estarán los caminos despejados
de derrotas. Arderá la nieve,
será la luna y regresará a la sementera.


Fernando Alda

miércoles, 11 de marzo de 2026

La heredad de la memoria, 8

 

Foto: Fernando Alda

Entre los muros de barro
quedó sepultado el deseo incandescente
de volar, de dejar el dolor atrás,
el anhelo de ascender
por la escala que sube a los cielos
y hallar la eternidad.
En el adobe está la verdad,
el origen, ese sentimiento
de pertenecer a las raíces
que sostienen el mundo,
el vuelo de las águilas
y su resistencia a caer.
Más allá de las tapias estaba la vida,
la otra vida, la del ruido y la furia terribles,
la de los corazones deshabitados.
Y hoy te preguntas si mereció la pena
el abandono, la desolación,
el ser de paja, de cabeza hueca,
o renunciar al color de los amaneceres
en campo abierto, que tiñe la hiedra
con el esplendor de las amapolas, con su rubor
último, que besa descuidado
el labajo en el que anida la melancolía.


Fernando Alda Sánchez


La heredad de la memoria, 7

 

Foto: Fernando Alda


A la altura que crece la hierba
está la razón de existir
de las libélulas, del reino
de la niebla que asciende desde los ríos
cuando el sol de los sueños
amanece en el final del mar,
junto a la orilla de la historia.
Es la noche que se agranda,
que establece sus límites,
es la que desboca sus caballos
para acercarse hasta el confín
del suspiro que baja de la transparencia
y del fluir del aire que quedó oculto
en los pliegues del silencio.
Alza la voz, escucha,
las aves vienen con el viento.


Fernando Alda

La heredad de la memoria, 6

 



Foto: Fernando Alda



Está el nocturno respirar del alma

sabiendo que Dios viene
en la brisa que los álamos
levantan junto al arroyo,
en el silencio que presientes
cerca de la encrucijada
de los caminos blancos que llevan
al encuentro,
sabiendo que el tiempo puede detenerse
y no ser, y alcanzar las esferas
últimas de este castillo de cristal
que se alza a lo lejos, en el horizonte,
tras la niebla y los nombres.


Fernando Alda

La heredad de la memoria, 5

 

Foto: Manuel Alda


Es el encuentro con la tierra,

con los surcos en los que nace
el abrazo de los antepasados,
su voz en los tuétanos del misterio
que nos cobija. Bajo la bóveda
celeste, las constelaciones que guían
los caminos, las cruces de piedra
que nos invitan a orar,
los líquenes que albergan
el ADN de los recuerdos.
Solo mirar, y basta para ser,
para comprender el universo
en estos campos en los que sueñan
los hombres con otras vidas,
con otros mares,
en la alta pared del día.


Fernando Alda Sánchez


martes, 3 de marzo de 2026

La heredad de la memoria, 4

 

Foto: Fernando Alda


Está en el fondo de tu mirada
el esplendor de la llanura
y de los cielos inmensos,
el pasar del viento, su ulular
nervioso, las nubes
dibujadas en el añil de la luz.
Es solo esa sensación de estar solo,
de saberse acompañado
por el color de las amapolas,
con los brazos abiertos
esperando que alguien venga
a verte, para compartir
el abrazo y el instante,
el beso del muérdago en los árboles,
esa pintura que se devana
en la rueca vieja de la esperanza.


Fernando Alda

La heredad de la memoria, 3

 

Foto: Fernando Alda


Bajo el puente pasa un caudal

nuevo a cada instante, hebras de vida
sostenidas por la lluvia que cayó
en los alcores, allí donde nace la luz en tus ojos,
en el este que se extiende hasta los confines
que imaginas en tu desvelo. 
Leños duros de encinas
minerales, que conocieron
los siglos y su desmemoria,
van quemándose despacio
en el hogar de la chimenea,
crepitando con la helada y la noche,
que bailan en la ebriedad
de lo que parece son los sueños.
Flores de abril en tus ojos,
que recuerdan los misterios
de la soledad y la sombra,
la espera interminable
del alcaraván o el milano
perfilando los cielos.
Abre la puerta, que llega
el gozo, la quimera del agua.


Fernando Alda