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lunes, 28 de septiembre de 2026

Vestigios de una vieja llama, 11

 

Foto: Fernando Alda

Llueve julio una tristeza

desolada, como de estanque
abandonado, y en la lluvia
persiste el silencio, ese que me recuerdan
los versos de Keats o Hölderlin,
cuando los leo,
y con el viento regresan las ausencias.
El mar interior, que en olas
crece en mis adentros,
es el cielo ahora, tan azul y claro,
como el beso que me dejó
mi amada en estos labios,
que tiemblan cuando me mira
la muerte. La luz será,
y me habré ido, en el aleteo de las aves,
al abrirse las rosas, tal una mariposa
de sueño que se desvanece en el alba.



Fernando Alda Sánchez

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