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lunes, 27 de junio de 2022

Las alas de Ícaro, 41


 
XLI


Últimos días de septiembre,

el verano arde en el pasado
con ascuas que pronto serán violentas,
carbones rojizos, ocres, amarillos
de oro viejo, bajo la lluvia
y la niebla. Imposible recordar
otros años, otras hogueras,
el sol muriendo en estertores
de fiebre,
racimos hinchados que se ofrecen
voluptuosos en el transcurrir del tiempo,
que sigue siendo, avanzando
con sus ávidos quelíceros de acero
en la circunferencia de la que no somos
capaces de salir. Nos asiste
la ceguera, el no saber ver más allá
de aquello que nos rodea, como en un sepulcro,
esos límites que nos sostienen
y son la medida de una almohada de tierra.


Fernando Alda


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