Buscar este blog

domingo, 19 de junio de 2022

Las alas de Ícaro, 38

 


XXXVIII


Corona el tiempo un albor de siglos,

como la primera vez que la luz
nació de las manos de Dios,
y es el día espacio, viento
ardiente, un sueño de deseos
que se hicieron añicos
en las alamedas del olvido,
allí donde aguarda
lo que amas en su mayor secreto,
en ese lugar al que vuelves
siempre con la obsesión del agua,
del desierto, con la persistencia
de las palmeras por dar la sombra
posible, el descanso del viaje.
Y nada espera a que tu mano
lo despierte, como si no quisiera
que apenas tus dedos lo rozasen,
pues sabe de otros labios,
de otras promesas, que vendrán
con la lluvia, en primavera.


Fernando Alda

lunes, 13 de junio de 2022

Las alas de Ícaro, 37

 



XXXVII


En la tarde se va derramando un aroma

a rosas cortadas con un cuchillo de hielo,
un filo de luz tan fría,
que en las hojas verdes deja el acíbar de la luna
nueva que se esconde tras las tapias
de la ruina, alondra de humo
que se va con el viento, como si quisiera
no volver jamás. Las manos se te quedan
huérfanas, esperando alguna certeza,
otro aire, puede que el fuego,
el alba que nunca imaginaste que sería
leyendo estos versos tan desangelados
que escribes, tan tristes y desvalidos,
pues si todo fluye, hasta el río
busca inevitablemente la muerte que no desea.


Fernando Alda

viernes, 10 de junio de 2022

Las alas de Ícaro, 36

 





XXXVI


Es de la luz el nombre que bendices

en estos campos yermos,
Aravieja, tal vez, acaso Castilla,
cuando oteas el vuelo del alcaraván
o del milano, perdido en el humo
de la nostalgia. Muros de adobe
caídos, vigas de madera carcomida,
pilastras que nada sostienen
salvo los recuerdos, que nadie guarda,
de lo que fuimos. Decirte
bastaría para reavivar esos rescoldos
tan fríos que atesoras en el almario,
como cobre viejo, puede que cinabrio,
restos de la fundición apresurada
de lo que nos iba quedando mientras
se desangraba la memoria de todos,
lacerada, aquella que era nuestra
y ya no nos pertenece.


Fernando Alda

miércoles, 8 de junio de 2022

Las alas de Ícaro, 35

 


XXXV


En el fondo de las gabardinas se esconden

los sueños de la lluvia,
el alma de las ruedas de los carros
que recuerdan su paso por los caminos
del alba, su rastro en los mapas
de ceniza en los que queda una huella
de sangre, de pies desnudos,
como la arena de una playa
que no ha existido y en la que el viento
borra todo paso. Es el fondo
del agua, el sonido de la piedra al partirse,
la rama del sauce
en el que queda reflejado el color
de la mirada, la voz del cielo,
su nombre, el verbo que crea,
la desolación del fuego.


Fernando Alda


del estanque, la tensión del espejo

lunes, 6 de junio de 2022

Las alas de Ícaro, 34


XXXIV 


Es la ausencia en este instante

tu única compañía, la bendición
del círculo, el cielo pleno,
esa arboleda escondida entre las colinas
que trata de evadirse del otoño y es un beso
robado al asalto en una esquina de carbón
y hambre. Bajo el tejado,
el habla, ese lenguaje que en silencio
nombra lo que va a existir y no ha llegado,
también el hogar, el nacimiento,
la celebración de los cajones
vacíos del secreter en el que se guarda todo
y ahora solo es polvo, desolado
corazón que relata leyendas de lluvia,
de viento desatado, de hojas
sin dueño que secas sobrevuelan el agua,
buscando su lecho para morir,
como el cielo en invierno, que muere
siempre, aún de noche,
y luego es aurora, una luz como una espada.


Fernando Alda
 

viernes, 3 de junio de 2022

Las alas de Ícaro, 33

 



XXXIII


Esperamos el fuego,

la venida de los espejos del norte,
el reflejo que da ese esplendor
tan intenso a la ruina,
su sabia palabra que nos enciende
en la noche cuando contamos
las historias de otros junto a una llama,
y el corazón arde,
pues quisiéramos, tal vez,
haber vivido esas otras vidas
que en ocasiones nos parecen la nuestra,
y el tiempo se alarga o desdobla,
como para permitirnos
ser lo que no hemos sido
y sin embargo deseamos
con redoblado ímpetu. Luego,
los rescoldos, la oscuridad, las estrellas
sobre nuestras cabezas y nos da miedo
asomarnos al absoluto por una ventana.


Fernando Alda

miércoles, 1 de junio de 2022

Las alas de Ícaro, 32

 



XXXII


Junto a la ventana ese jarrón de cristal 

azul con unos acianos descoloridos,
el dibujo en los visillos de las nubes
al posarse allí, en lo alto donde miras
en todas las ocasiones, el reflejo de los mirlos
en el estanque que se remansa
cuando sueñas con el estío,
y hay velos de tiempo,
horas muertas, lagunas
de memoria que regresan
como vencejos deshabitados
que se quedaron prendidos
en las telarañas del misterio.
Al fondo, siempre parece haber sitio
para guardar las noches en vela,
el desamor, el desasosiego
de los días que van sin dueño,
recobrada la nostalgia,
el ardor abandonado, el ciego
reflejo de aquello que retorna.


Fernando Alda