cinerario de sepulcros nunca vacíos,
siluetas de muertos
antiguos, de reinos
perdidos, de reyes
tristísimos que ardieron
en piras de olvido.
Todo lo arrancó de cuajo
la guadaña, hojarascas
sombrías, equipajes
de polvo, de nada.
Olmos secos, cipreses ajados,
túmulos de ruinas, almas
quebradas que no esperaron
la resurrección de Cristo.
Es melancolía, un llorar
perpetuo, lágrimas que nombran
un vacío espantoso,
el hueco de un cuerpo
inerte al rodar hasta el Leteo,
arena y vanidad.
Fernando Alda Sánchez
Es muy bonito, a pesar del poso de tristeza, o quizás por ello.
ResponderEliminarUn beso enorme, amigo.
Otro para ti, Mayte
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