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martes, 31 de marzo de 2020

Si es tu voz invulnerable...









Transparencia inconsútil la que el aire

mueve, la fragancia de las rosas
de terciopelo al abrirse, cuando en el mediodía
se cumple el presentimiento
de las horas que están por llegar.
Sueñas y afirmas,
la voluntad obedece a la creencia,
hay golpes ciegos
que derraman perfumes y sombras,
el éxtasis de saberse dueño
del tiempo, del magnetismo
de la constancia que te impulsa,
la venerable permanencia de las torres
y de las campanas,
la plenitud de estar despierto
en medio de la realidad,
centro imaginario de un planisferio
en el que buscas seguridades,
atajos con los que alcanzar
incólume el devenir
de la existencia.
Si es tu voz invulnerable,
y de las nebulosas del corazón
libas su jugo, la ocasión
de hablar un idioma al que perteneces
por el mérito de haberlo creado,
si desde el lugar en el que muriese
la tristeza proclamas que eres
el señor glorioso de los vientos
y de las encrucijadas, el forjador
de las leyendas y de los mitos,
y desde las cumbres divisas
valles, la tierra prometida,
o abrazas la altitud de los cielos
abiertos, poblados de nubes
extensas y profundas, como lechos
puros pintados de un intenso
azul, de un inmaculado
blanco, el soplo leve de las aves
que apenas rasgan la inmensidad,
el tazo efímero de su vuelo,
el cántico hondo de la suprema
bendición que permanece
en la distancia, en la derrota,
en todo aquello que te pertenece
y a lo que no renuncias.

Fernando Alda Sánchez

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