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jueves, 10 de octubre de 2019

Me emocionan en estos días...





          Me emocionan en estos días en los que el otoño no parece querer entristecerse del todo, al menos en esta Ávila mía, en la que los árboles no nos regalan con plenitud sus lágrimas doradas, los comentarios e impresiones que como lectores, y habitantes todos junto a mi en el paisaje espiritual que nos cobija, me estáis haciendo llegar por multitud de caminos: las redes sociales, el propio blog, el teléfono o en persona. Y os confieso, pues sigo contando intimidades, como no puede ser de otra forma entre aquellos que mantienen amistad, que es un gozo muy grande, pues os siento cerca,  en el corazón. Es decir, en los "adentros" que todos tenemos, como ha escrito José Jiménez Lozano, al que ahora recuerdo cuando me hablaba de ellos. Sois sol para mis días.

         Por circunstancias de la vida no estoy atravesando el mejor momento de la mía propia, y es un consuelo saber que hay otras personas que comparten con uno penas y alegrías en estas batallas que libramos, en desigual combate, en lo que venimos denominando el existir. Gracias, muchas, muchísimas gracias por vuestra compañía, por vuestras opiniones, por vuestra cercanía. De verdad, para un escritor como yo, que no es famoso, ni probablemente lo sea nunca, sentirse acompañado por vosotros, lectores, y amigos por tanto, es no solamente una grata compañía, sino una alegría muy grande comprobar lo hermoso que es compartir lecturas y letras, poemas y prosas, como en una comunidad de "vivientes", perdonadme la expresión tan forzada, pues así lo siento.

      Los lectores sois vida para el que escribe, pues no solo en vosotros tiene efecto el acto de escribir, la creación pura, sino que el escritor se prolonga en vuestra memoria, en los recuerdos que guardaréis de lo escrito, que es una forma de vivir también, de vencer el tiempo y la muerte, que con tanto ímpetu nos acechan con sus celadas desde cualquier rincón oscuro de nuestro transcurrir en el mundo. Y de alguna secreta forma vosotros también cobráis vida dentro de mi, de mis sueños y anhelos, de la imaginación que me hace escribir y crear. Así que vivimos juntos, de alguna extraña y misteriosa forma, en la literatura.

    Es una suerte compartir con vosotros todo esto, por medio del espacio digital. Ya me gustaría que fuera también a través de los caminos que Gutenberg abriera con su imprenta de tipos móviles, pero por el momento no es posible, aunque algún día no muy lejano os hablaré de los dos libros que tengo publicados en papel, en lejana fecha. Pero ese es un secreto que ya desvelaremos en otras confidencias. Por ahora tendremos que conformarnos con este soporte, que nos permite nuevas libertades y nuevas formas de acercarnos, de comunicarnos, que nos abre fronteras inexploradas y nos ayuda a compartir versos y párrafos, las palabras que nos gustan y que tanto apreciamos.

    En el espacio digital no hay fronteras, como no las hay entre nosotros. Y eso resulta fascinante. Imaginad por un momento que Cervantes hubiese escrito el Quijote y lo hubiese compartido vía Internet, en una edición digital. Se me plantean muchas cuestiones, igual que, seguramente, os está ocurriendo a vosotros. Imaginad un poco. Tal vez estáis viendo saltar por los aires las distancias, físicas y temporales, para la difusión de su gran obra. Acaso, también, Cervantes tendría un blog, y escribiría en él casi todos los días, o todos los días, y le podríamos preguntar sobre cuestiones de su relato. Estaríamos hablando con él de otra forma. El discurso es multidireccional. Pues seguid imaginando que eso que digo ocurriese también con otros autores, incluso con los más reticentes y desconocidos; seguro que todo cuanto conocemos sería diferente.

    Bueno, todo ha sido un suponer. No hay que asustarse. No pretendo construir una máquina del tiempo. El pasado no se puede cambiar. Nosotros ahora debemos disfrutar de las herramientas que tenemos a mano y que son una suerte para nosotros. Los lectores de Cervantes o de Santa Teresa disfrutaron también mucho de sus libros cuando comenzaron a difundirse con la imprenta, que era lo que entonces tenían. No es necesario cambiar nada, pues todo es belleza que compartimos y disfrutamos, belleza que se derrama a nuestro paso, belleza que atesoramos en nuestros interiores, en nuestras entretelas, como un tesoro que nos hace vivir y crecer en espíritu, un tesoro que alimenta nuestra llama sagrada, nuestro misterio, el origen mismo de la vida tal y como la vivimos.

   Por hoy ya no más melancolías, que el otoño me puede. Os espero, como siempre, con los brazos abiertos de par en par.

Fernando Alda Sánchez

Nota: La foto, realizada por el que suscribe ayer mismo, corresponde a una morera que hay en la calle en la que vivo y que resultó ser un maravilloso regalo cuando sus hojas se convirtieron en lágrimas de fuego otoñal.


 

 


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